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El Motín

Bosch plantea abstención electoral

Por Sebastián del Pilar Sánchez

El viernes 28 de febrero de 1966, el expresidente Juan Bosch anunció al país que debido a la ola continuada de terrorismo su partido se abstendría de concurrir a las elecciones fijadas para el primero de junio de ese año.

El líder político aseguró que no había ninguna garantía de que la ciudadanía libre del terror, pudiese depositar su voto en las urnas con entera libertad, porque la violencia afectaba a toda la sociedad; particularmente a los exmilitares y combatientes que lucharon en la guerra de abril junto al coronel Francisco Alberto Caamaño, en defensa de la constitucionalidad y la democracia.

Bosch hizo su declaración en un discurso radiofónico que pronunció por el programa Tribuna Democrática, órgano oficial del partido blanco, en el que aclaró que la abstención electoral no era todavía una resolución definitiva de esa organización política, porque faltaba la sanción formal de su comité ejecutivo. Aun así, reiteró que era imposible pensar en una elección enteramente libre en las circunstancias en que se desenvolvía el país.

El expresidente aprovechó la ocasión para lanzar una dura crítica al gobierno del doctor Héctor Rafael García-Godoy, por no asumir una postura puntual y firme que detuviese el terrorismo brotado en los barrios de Santo Domingo a poco de aprobarse -el 3 de septiembre de 1965- el Acto Institucional que concluyó la confrontación armada y legitimó su gestión.

Su opinión fue planteada un día antes del arranque oficial de la campaña electoral y se sustentó en la realidad padecida por la dirigencia de su partido en los más apartados lugares, como víctima de constantes atropellos…amenazas de muerte, persecuciones políticas y encarcelamientos que entorpecían su labor organizativa, impidiéndole inscribir simpatizantes, multiplicar sus comités de base y promover de modo efectivo a los aspirantes a cargos electivos.

Conforme a esas quejas, la situación empeoraba por no ejecutarse a tiempo desde el gobierno una acción antiterrorista que detuviese a los grupos paramilitares formados para hacer fracasar el “Acta de Reconciliación” que le imponía al Presidente -como jefe supremo de las Fuerzas Armadas- la obligación ineludible de reincorporar a los militares constitucionalistas en los cuerpos castrenses.

Bosch opinaba que García-Godoy, desde el mismo día de su juramentación, debía cumplir el mandato de esa acta, ordenando a los jefes militares tomar las medidas condignas para relacionar en los recintos castrenses a los dos sectores que se enfrentaron durante la guerra civil.

Por eso le reprochaba que dejara pasar cinco meses y medio sin tocar ese tema, desentendido del clamor popular que demandaba la remoción del ministro de las Fuerzas Armadas, contraalmirante Francisco Javier Rivera Caminero, y permitiendo que ese oficial desobedeciera públicamente sus órdenes, hasta el extremo de ignorar un decreto presidencial, emitido el 6 de enero de 1966, que lo designaba agregado militar en la embajada dominicana en los Estados Unidos.

Sin duda que el reemplazo puntual de Rivera Caminero y otros altos oficiales, le hubiese economizado al país largas horas de angustia, desconsuelo y luto masivo, por la orientación represiva que, desde el lunes 27 de septiembre de 1965, tomó un sector de las Fuerzas Armadas, causando una imborrable contusión histórica en la sociedad dominicana.

En la mañana de ese día ocurrió la muerte de un estudiante del liceo Unión Panamericana, llamado Pedro Tirado Calcaño, de 17 años, abatido en la misma puerta del Palacio Nacional por una bala de fusil máuser disparada por un guardia de servicio durante una movilización estudiantil que reclamaba la desocupación de los liceos intervenidos desde el 28 de abril por tropas invasoras.

Y pocas horas más tarde, en otro escenario de la ciudad fue eliminado también -aquel lunes 27- el marino Isidro Núñez Ulloa, natural del municipio de Guananico e integrante de un comando rebelde que durante la guerra civil operó en el barrio de San Antón, en la zona intramuros de la capital.

Luego, el viernes 22 de octubre cayó abatido en la cercanía del municipio de Navarrete, a mano de una banda terrorista, el señor Manuel de Jesús Haddad (Milet), gobernador de la provincia de Valverde; mientras que el lunes 1ro. de noviembre era secuestrado a plena luz del día, en la ciudad de Santo Domingo, el mayor constitucionalista Luis Arias Collado.

Esos actos violentos fueron precedidos de tiroteos nocturnos y explosiones continuas de bombas y granadas en distintos puntos de la capital; así como del incendio de Radio Comercial y la voladura el 5 de octubre de las instalaciones de la revista Ahora.

El terror continuaría su curso destructor el 19 de diciembre de 1965, con la puesta en marcha de un operativo militar en la ciudad de Santiago para emboscar y asesinar al coronel Caamaño, que culminó desmoronando parte de la infraestructura del hotel Matum, con un saldo de 18 muertos.

Más tarde, el 8 de enero y el 1ro. de febrero de 1966, vendrían los crímenes de Feliciano Matos y Alfonso Carrasco, en Barahona y la capital; y para colmar la paciencia pública, sobrevino la tragedia del 9 de febrero sobre la acera del Palacio Nacional.

En este desafortunado acontecimiento murieron asesinados los estudiantes Miguel Tolentino, Antonio Santos Méndez, Luis Jiménez Mella y Altagracia Amelia Ricart Calventi, engendrando una huelga explosiva que obligó a Rivera Caminero a marcharse enseguida a Washington, a desempeñar a regañadientes la función diplomática que le confiara el jefe del Estado.

Esta masacre motivó también la designación del correcto general José de Jesús Morillo López, como jefe de la Policía, para que sostuviera inmediatamente un pulso firme contra el terrorismo, siendo uno de sus retos la investigación del crimen del sargento Eustaquio Agramonte Merán, alias Maquin, escolta del profesor Bosch, quien el domingo 6 de marzo fuera alcanzado por un disparo a quemarropa, en el kilómetro 71/2 de la carretera Sánchez, cerca de la residencia del expresidente.

Este vil asesinato influyó sin duda en el discurso que pronunció Bosch el viernes 11 de marzo de 1966, anunciando que el partido blanco se abstendría de participar en las elecciones del 1ro. de junio y arremetiendo de modo ofensivo contra el presidente García-Godoy, a quien calificó de “pitcher wild y lento” que se mantenía en el gobierno sin ejercer el poder y “flotando como un corcho sobre las olas de un mar bravo”.

Intervención de la OEA y las elecciones

La abstención electoral sugerida por el líder perredeísta y otros pronunciamientos suyos del lunes 28 de febrero y el 11 de marzo de 1966, preocuparon a los miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA), quienes hicieron una declaración pública desde Washington, en la que expresaban “su esperanza de que el expresidente Juan Bosch y sus partidarios entren a las elecciones del primero de junio”.

Los Estados Unidos y la OEA estaban empeñados en evitar la suspensión o posposición de esos comicios, porque sabían que su celebración en la fecha convenida con los protagonistas de la guerra de abril, era el único medio de librarse del peso de la opinión pública que reclamaba en todos los continentes el retiro de las tropas extranjeras del suelo quisqueyano.

Ambos comprendían, además, que la salida electoral era la garantía deseada para mantener la estabilidad en República Dominicana y la isla de Santo Domingo; y por esa razón, la OEA mantuvo activa la comisión Ad-Hoc que durante el conflicto bélico realizó las negociaciones de paz con el coronel Caamaño.

Esa comisión estaba compuesta por los embajadores Ellsworth Bunker, de Estados Unidos; Ilmar Penna Marinho, de Brasil y Ramón de Clairmont Dueñas, de El Salvador, quienes daban seguimiento a las acciones del gobierno de García-Godoy y cooperaban técnica y económicamente con la Junta Central Electoral para vencer los inconvenientes que pudieran afectar el buen desenvolvimiento del proceso eleccionario dominicano.

No en balde, el 16 de marzo de 1966, Bosch recibió en su residencia del kilómetro 71/2 de la carretera Sánchez, la visita de Bunker, acompañado del embajador de los Estados Unidos en la República Dominicana, William Tapley Bennett, y con ambos sostuvo una cordial y fructífera reunión.

En este encuentro, el líder político expuso con claridad la posición abstencionista de su partido y los visitantes ofrecieron garantías de que se operaría una mejoría en el clima electoral para realizar unos comicios libres, donde el triunfador “obtendría el respaldo completo de la OEA, sea quien sea el ciudadano que tenga la mayoría de los votos”.

Bennett aseguró que el gobierno de Lyndon Baines Johnson daría “todo su apoyo al gobierno que sea elegido sea quien sea la persona que resulte elegido presidente de la República Dominicana”, pues estaba “empeñado en que las elecciones sean imparciales”. Por eso su embajada había bajado instrucciones a sus funcionarios “de no tomar parte, ni directa ni indirectamente en la lucha política dominicana”.

American President Lyndon Johnson (1908 – 1973) & Ambassador Ellsworth Bunker (1894 – 1984) walk together on teh grounds of Camp David, Maryland, April 9, 1968, (Photo by Arnold Sachs/Pictorial Parade.Getty Images)

El embajador señaló que Estados Unidos se comprometía a dar toda la ayuda económica y técnica que requiriese el candidato que resultara electo en esos comicios, para que pudiera hacer frente a los problemas sociales y económicos del país.

También apoyó la ejecución de “reformas serias en la organización de la vida dominicana, a fin de que desaparezcan las injusticias económicas y sociales que mantienen en estado de atraso y desesperación a la mayoría de los hombres y las mujeres y los niños de este país”.

Por su parte, la OEA informó que enviaría a Santo Domingo 150 observadores y un grupo de técnicos electorales para asesorar a la Junta Central Electoral durante todo el proceso organizativo de las votaciones.

En base a esos planteamientos, Bosch convocó al comité ejecutivo nacional del partido blanco, que se reunió de urgencia y aprobó convocar una convención nacional, precedida de la celebración de 100 convenciones municipales y de 27 convenciones provinciales.

De este modo, el sábado 9 y el domingo 10 de abril de 1966, con la presencia de mil delegados, se reunió la cuarta convención nacional en el cine-teatro San Carlos de la capital, para discutir una agenda cuyo tema principal era la participación o abstención electoral del partido del jacho.

Previamente, Bosch pronunció un discurso destacando que su organización era una escuela de democracia, donde se ofrecían “los ejemplos que la ciudadanía necesita para que el país aprenda a vivir democráticamente”.

Aseguró que en esa convención se daría un nuevo ejemplo de democracia, porque serían mil delegados «representantes legítimos del perredeísmo nacional”, y no una sola persona o un grupo de dirigentes, quienes tomarían la decisión definitiva sobre la participación electoral de su partido.

Indicó que correspondía a los delegados provenientes de campos y ciudades, “con las ideas limpias, las intenciones generosas y los deseos patrióticos de los hombres y las mujeres del partido”, determinar “si lo que vinieron a decir los embajadores Bunker y Bennett, es bueno o no para el partido y para la República”.

Destacó que en la entidad política que presidía las decisiones se tomaban por el acuerdo de las mayorías y sería a “esos hombres y mujeres del pueblo, a través de sus delegados legítimos, de los delegados elegidos por ellos mismos libremente, a quienes les toca decidir algo que es de la mayor importancia para el partido y para el país».

Observó que en una organización democrática no se podían tomar acuerdos de aposento cuando son de interés nacional, por lo que era responsabilidad del pueblo perredeísta decidir por mayoría de votos si su partido iba o no a las elecciones.

Finalmente, la convención aprobó participar en el torneo electoral y tratar el tema de las candidaturas, revelando Bosch que “estuve haciendo todos los esfuerzos de que soy capaz” en convencer al coronel Caamaño para que fuera el candidato presidencial o vicepresidencial del partido blanco.

Dijo que el coronel Caamaño era un militar muy querido por el pueblo y lamentó que no pudiera ser candidato perredeísta, siendo “la mejor garantía para la preservación de las Fuerzas Armadas” y pese a que el Acto Institucional, equivalente a la Constitución de la República, “no prohíbe la candidatura de un militar a cualquier cargo político elegible por votación”, porque los militares, aunque no deben ser políticos ni hacer política, “pueden un día cambiar su uniforme por el traje de funcionarios electos por el pueblo”.

El 10 de abril, domingo de Resurrección, Bosch fue escogido a unanimidad candidato a la presidencia y Silvestre Antonio Guzmán Fernández a la vicepresidencia, luego de obtener 147 votos contra 90 computados al antiguo luchador antitrujillista doctor Virgilio Mainardi Reina.

Al motivar la escogencia de Guzmán, Bosch dijo que su elección era “una papeleta de triunfo” y que le satisfacía ir a las elecciones “acompañado por un hombre que ha demostrado su capacidad de servicio a la República”.

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