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El Motín

»El mejor coro universitario de América Latina»

Sebastián Del Pilar Sánchez

«El Coro de la UASD Gana en Festival de Chile”, decía el cintillo noticioso ubicado en la parte superior de la primera página del periódico El Nacional, del viernes 13 de octubre de 1967, que invitaba a leer en la cuarta columna una reseña sobre el triunfo obtenido la noche anterior por el Coro Universitario en el primer Festival de la Canción Universitaria celebrado del 6 al 12 de octubre en la Universidad Católica de Chile, al que concurrieron entidades musicales similares de México, Panamá, Venezuela, Colombia, Uruguay, Argentina,  Paraguay, Bolivia, Brasil y Chile.

La reseña era atribuida al servicio especial del diario dominicano, pero había sido confeccionada por el joven comunicador Yaqui Núñez del Risco, quien era el director del Departamento de Relaciones Públicas e Internacionales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y realizaba una extraordinaria labor de comunicación, para enterar al país de los pormenores de aquella competencia musical y coral que se estaba desarrollando  en Santiago de Chile.

El anuncio de la victoria del coro uasdiano era una grata noticia, pero tomaba de sorpresa a los dominicanos que habían puesto en duda la probabilidad de triunfo del conjunto dominicano, luego de las diversas dificultades que tuvo que vencer para estar presente en esa competencia; siéndole necesario durante el proceso de su entrenamiento, ejecutar una repentina campaña de recolección de fondos, entre profesores, empleados y estudiantes, que se extendió al sector externo, para completar los recursos monetarios requeridos para cubrir los gastos de pasajes, hospedaje y viáticos de la delegación universitaria, integrada por 36 coristas y otras  seis personas, que estarían durante seis días en la capital chilena.

Para que se tenga una idea del esfuerzo extraordinario que se tuvo que hacer para que el  Coro Universitario viajara a Chile, diremos que los trabajadores de la UASD, organizados en la Asociación de Empleados Universitarios (ASODEMU), aportaron a este viaje todo el dinero que tenían disponible en caja, que era la suma de cuatrocientos dólares.

El historiador y político Euclides Gutiérrez Félix, en un artículo titulado “El Coro Triunfador”, publicado en el periódico El Nacional, de fecha 15 de octubre de 1967, decía al respecto lo siguiente (citamos): “El Coro Limosnero”, como íntimamente lo llamamos, ha cumplido una misión digna de encomios y  alabanzas. Y lo llamamos “El Coro Limosnero”, porque para poder  cubrir sus gastos de transporte y salir del país, tuvo que llevar a las mismas entrañas  del pueblo su arte, en busca de ayuda económica frente a la actitud de un gobierno que intencionalmente se hizo sordo a sus reclamos, pero que políticamente recogerá los frutos de su éxito en el campo internacional”.

El articulista resaltó el triunfo del coro «que viajó de fiao», y que puso en alto el nombre del país, al tiempo que aprovechó su escrito para lanzar un ácido reproche a «muchas misiones diplomáticas integradas por figuras antipopulares y antinacionales, que se arrastran en asambleas a nivel mundial y arrastran con ellas el nombre del pueblo dominicano”. Y pidió asimismo olvidar el bochorno de viajar de «fiao», aunque censurando al gobierno por haber gastado mucho dinero en los actos de recibimiento y festejos a una tal «Mujer de las Américas», pues se habría invertido «más pesos de los que se necesitaban para pagar el transporte de nuestro Coro hasta Chile».

Lo sucedido en Chile la noche del 12 de octubre era la mejor noticia en mucho tiempo en el ámbito local, pues la aflicción y el llanto habían estado marcadamente presentes en la vida de los dominicanos, dado el terror reinante en las calles de Santo Domingo, generando diversos hechos luctuosos  como la infortunada desaparición del destacado periodista y abogado Guido Gil Díaz, quien fue apresado el 17 de enero por una patrulla policial que lo detuvo llegando al puente sobre el río Higuamo de San Pedro de Macorís; encabezada por un sargento de identidad desconocida y por un belicoso raso a quien llamaban Mirito Jiménez, que lo desmontó del carro público en que viajaba, para subirlo en un vehículo oficial y llevarlo de regreso a La Romana, donde se le habría dado muerte por estrangulamiento manual, según una versión razonable que expondremos con detalle en nuestro próximo relato.

El 1967 había sido también el año de la trama para asesinar al general vitalicio Antonio Imbert Barreras, quien el 21 de marzo recibió cuatro balazos en su cuerpo; y fue de igual manera el año del atentado criminal contra el senador Pablo Rafael Casimiro Castro, de la provincia de Pedernales, quien el día 4 de mayo recibió fuertes quemaduras en su rostro y su cuerpo, por efecto de una bomba de fósforo blanco lanzada a su vehículo por dos  individuos a bordo de un motor en marcha, tipo Vespa, cuando  lo estaba parqueando en la calle Padre Billini del sector Ciudad Nueva de la Capital, frente a la vivienda de la abogada perredeísta Yocasta Prandy.

El país estaba requiriendo un poco de alegría al final del año, que de alguna manera llegaría con la participación del Coro Universitario en el festival que se estaba celebrando en Santiago de Chile; pues ese suceso cultural y artístico, aunque se estaba dando en un lugar tan lejano del Caribe, había logrado  acaparar la atención pública y animar las calles de Santo Domingo, por la efectividad de las buenas noticias que estaba enviando desde la capital chilena el comunicador Núñez del Risco y por la oportuna y espaciosa cobertura de los medios informativos criollos; la cual aumentaría notablemente en el multitudinario recibimiento que sería organizado por las  autoridades universitarias y municipales.

La historia del triunfo

A la publicación del viernes 13 de octubre del diario El Nacional, referente al triunfo del coro de la UASD en Chile, siguió sendas informaciones reseñadas al día siguiente en sus páginas principales por los periódicos matutinos El Caribe y Listín Diario, donde se anunciaba que éste había sido proclamado como “el mejor coro universitario de América Latina”, al serle discernido el premio en “genero coral”, durante el acto de clausura del primer Festival de la Canción Universitaria, en el que sus pares de Perú, Brasil y Bolivia obtuvieron el segundo, tercero y cuarto premios.

En sus informes diarios a la prensa dominicana desde Chile, Yaqui Núñez del Risco, quien conocía muy bien la calidad musical del coro criollo, ponía énfasis en la impresión que éste había provocado en diversos sectores de la opinión pública chilena; y destacaba que un diario capitalino se había referido a su popularidad con fotos destacadas de sus integrantes en el Palacio de la Moneda y en las calles de la Capital, bajo el título: “Los Dominicanos ríen y cantan”. Y seguía diciendo que, por eso no le era extraño que un jurado integrado por catorce folkloristas y músicos latinoamericanos -donde no había un solo dominicano-, anunciara  la noche del 12 de octubre que el coro nuestro “había merecido la mejor calificación en la categoría coral de rubro interpretativo”.

Tampoco le extrañó que más tarde, fuese galardonado por la Universidad Católica de Chile, y que recibiera un premio denominado “Promoción Popular”, aparte de otros regalos de parte de la empresa RCA Víctor, los cuales fueron entregados por el ministro de Obras Públicas y director de la Oficina de Promoción Popular, Sergio Ossa Pretot, a su director, profesor Luis Frías Sandoval.

La obtención del primer premio del festival prolongó la permanencia durante una semana más del Coro en Santiago de Chile, teniendo allí el honor  histórico de interpretar la Canción del Adiós para clausurar el certamen, en un acto realizado en el Velódromo del Estadio Nacional, presidido por el canciller chileno Gabriel Valdés, quien destacó el éxito de ese evento internacional por haber reunido e integrado a 600 universitarios latinoamericanos.

Se debe decir que dos coros de la Universidad Central de Colombia ganaron también primeros premios en cantos y danzas folklóricas, mientras que la Universidad de Córdoba, Argentina, logró un tercer premio en género solista, representada por su cantante Adrian Gamalier Montero.

Pero la alegría en aquel festival la llevaron los dominicanos, quienes desde el momento mismo de su llegada fueron considerados como “el grupo más alegre del evento” y diversos noticiarios radiales los señalaron como los favoritos para ganar “por popularidad y por calidad interpretativa” y se llegó a decir también que eran “el alma del festival” por su música y alegría contagiosas. Fue el caso del canal 13 de televisión, que presentó un programa especial donde el coro cantó y bailó música dominicana ante una teleaudiencia estimada en aproximadamente un millón de telespectadores, que disfrutó su extraordinaria calidad coral cantando los temas “Compadre Pedro Juan”, “Ninfa del Alma”, “Lamento Indio” y “Suite Coral Folklórica”; lo que determinó más tarde su triunfo en el festival.

No obstante los pronósticos a su favor, los miembros del Coro Universitario pidieron a Yaqui Núñez del Risco que no informara sobre eso en sus reportes a Santo Domingo, pues no querían “crear una ilusión en su pueblo que luego se desvanecería si el veredicto era diferente”.

El Coro Universitario de 1967 estaba integrado 36 vocalistas,  que hacían un equipo muy armónico y disciplinado, bajo la batuta del profesor Luis Frías Sandoval. Eran éstos, las sopranos Flor María Bueno Zapata, Magaly Penso Núñez, Elizabeth Davis Marte, Bélgica Villanueva García, María Nunciata Ronzino Santil, Lourdes Báez García, Gloria Altagracia Jiménez, Juana Ivernia Monsanto, Floritza Belis Valdez, Alba Marina Dickson Gutiérrez y Marlene Kelly Calderón; Los tenores, Ramón Camacho Bencosme, Ángel Ramón Delgado Malagón, Jaime Paulino Victoria, Luis Manrique, Julio C. Santana, Delfín Wilfredo Pérez, Eddy Manuel Germán y Betilio Cornielle; los contraltos, Ana Josefina Gerardo Rodríguez, Daniela Alejandrina Acosta Gautreaux, Lourdes Estrella, Carmelina Acosta Garabito, Miguelina González, Rosa Lama, Ángela Patricia Sánchez Riverón y Norma Fabián Calcaño; y los bajos, Ramón Alburquerque Ramírez (quien luego sería ingeniero y senador), Juan Antonio González (cariñosamente McCovey, doctor ecologista), Pedro Castillo López, José Saladín Valdez, Samuel Concepción Tió, Germán Rafael Valerio Holguín, Pablo Bencosme Camacho, Efraím Enrique Santana  y Ángel Rafael Delgado,  quien tocaba el acordeón, acompañado por la tambora del tenor Julio C. Santana, la clave del tenor Eddy Germán, y la güira del bajo Samuel Concepción.

Sin duda que con esos coristas se tuvo un formidable equipo coral universitario, dirigido a la perfección por el profesor Luis Frías Sandoval Frías, quien era un tremendo director y músico que había sido seminarista y poseía una larga experiencia en la formación y dirección de coros; pues en su época de estudiante del Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino, había dirigido la Scola Cantorum, pasando a formar luego el Orfeón de la Iglesia de San Carlos; y tras graduarse en 1947 como licenciado en Filosofía de la Universidad de Santo Domingo, crea la cátedra de Apreciación Musical, para sobresalir un año después formando los coros de varones y de hembras en las escuelas Normales y el Coro Universitario, cuya primera actuación se produjo en el acto de investidura ordinaria de la antigua Universidad, celebrado el 28 de Octubre de 1949, y participando luego, junto al músico y director español, Juan Urteaga  Loidi, en la formación del Coro Nacional, siendo nombrado subdirector en 1955 y posteriormente director.

Tras la Revolución de Abril de 1965, Frías Sandoval recibió de las autoridades universitarias surgidas del Movimiento Renovador que se impuso en la UASD a finales de ese año, la encomienda de reorganizar el coro, para que su funcionamiento sintonizara con las nuevas ideas progresistas que se estaban desarrollando en el interior de la academia, con  la filosofía  de vincular la docencia a las urgencias de desarrollo de la nación, mediante  el impuso de las tareas de investigación y extensión universitaria con sentido social.

Desde entonces era el director del coro y se esmeraba en cumplir esa misión extensionista, presentado conciertos en parques, clubes culturales, asociaciones profesionales, sindicatos y en diversos centros públicos de la ciudad de Santo Domingo y el interior del país.

En una recepción bailable realizada el 18 de octubre de 1967, en la residencia del rector de la UASD, doctor Julio César Castaños Espaillat, para dar la bienvenida a la agrupación coral que regresó triunfante de Chile, el ejecutivo elogió al profesor Frías Sandoval por haber reorganizado el coro desde 1966, y lo apoyó en el propósito de fundar la Rondalla Universitaria para que fuese un instrumento cultural y artístico de la academia y una nueva voz musical más ágil y de fácil transportación, que contribuyera al rescate de las tradiciones populares. Este pequeño grupo musical jugaría un rol de importancia en las diferentes jornadas de lucha de los estudiantes de esa alta casa de estudios un año más tarde, interpretando una serie de canciones populares y de protesta, identificadas con los sentimientos de la juventud, que se cantaron en diversos municipios, barrios populares y clubes culturales, en solidaridad con la exigencia  de un justo y mayor presupuesto de “Medio Millón de pesos para la UASD”.

La casa No. 10 de la calle Antonio Maceo del sector La Feria, en el Distrito Nacional, que era la residencia del doctor Castaños, tuvo esa noche en su interior a un director coral emocionado y orgulloso del triunfo, que había sido el resultado de un largo tiempo de entrenamiento y  disciplina, imprimiéndole un toque popular y contemporáneo a  los ritmos populares que cantaba el coro, sin prescindir jamás de su repertorio tradicional, en base a música folklórica criolla y esmerándose en no descuidar la calidad musical, para que siguiese siendo la imagen de la universidad y el país por los diversos lugares que visitasen.

Fue un verdadero «Día de Regocijo Universitario», y esta recepción se transformó en una populosa fiesta donde el maestro Bienvenido Brens, con su guitarra, improvisó un baile, contando con las voces de los integrantes del coro de la UASD y el Coro Nacional, quienes cantaron temas populares,  con el concurso de algunos profesores e invitados.

En la tarde de ese día 18 de octubre se había efectuado un acto masivo de recibimiento al Coro Universitario en la Alma Mater, donde el rector Castaños Espaillat y los líderes estudiantiles Guaroa Ubiñas y Diómedes Mercedes, resaltaron las bondades del coro y proclamaron que «se acabaron los triunfos de las élites».

También en el Congreso Nacional se conoció una moción de la autoría del doctor Domingo Porfirio Rojas Nina, diputado reformista por la provincia de San Cristóbal, solicitando que las cámaras legislativas expresasen un voto de simpatía y reconocimiento para el Coro Universitario por su destacada actuación en el extranjero, señalando que la obtención del primer premio en el festival de la Canción en Chile era blasón de gloria para el país.

El líder de la bancada opositora, doctor Jottin Cury, felicitó al doctor Rojas Nina «por haber elaborado esa moción nacionalista»  e hizo referencia a que era de todos conocido la angustia que pasó el Coro Universitario para reunir fondos que le permitiera asistir al festival en Chile; lográndose cierta ayuda en ese hemiciclo, aunque la contribución no fue en el nivel esperado.

Sin duda que el triunfo en Chile del Coro Universitario dio un impulso inusitado a la labor extensionista de la UASD y creó un sentimiento de orgullo universitario muy arraigado;  de tal modo que muchos jóvenes que llegaban del interior se interesaban en pertenecer al Coro Universitario, recordando  nosotros los casos de nuestras amigas del municipio de Imbert, Cristina y Asteria Lulin Dorrejo Rumaldo, estudiantes de Bioanálisis y Odontología que en los años 70 fueron miembros de la entidad, al igual que lo fue un joven de San José de Ocoa llamado Roberto Santana, cuando estaba muy lejos de soñar que sería el principal líder estudiantil de la UASD, y mucho menos que tendría una gloriosa carrera como catedrático universitario que le conduciría al puesto de rector magnífico de la más antigua Universidad del Nuevo Mundo.

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