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El Motín

En mi pueblo cesaron los incentivos para proyectos literarios

Flérida González

La Romana es fuente de escritores, verdaderos artistas de las letras, no obstante actualmente existe hondo silencio.

No puedo negar que algunas personas, entre ellas Isael Pérez, poeta, educador, antólogo y consultor cultural, a pesar de haber nacido en San Rafael del Yuma y radicar en Santo Domingo,  ha hecho  esfuerzos  porque escritores del pueblo   se unan formen grupos literarios e incentiven   a los que tienen la vocación.  No es válido dormir en sus laureles por ser autor de  libros donde se destaque el género literario preferido

Insisto y así lo he manifestado  debe establecerse  la diferencia de “Tertulia”  y “Taller literario”. Se nos describe el significado de tertulia como  personas que se reúnen para distraerse y conversar,  o encuentro informal que gira acerca de un tema de interés humano (música, cine, política, etc.).

Puede que esa conversación gire acerca de aspectos literarios, excelente, pero si se generaliza que en el  conversatorio  circulen  bebidas embriagantes y  comidas  a degustar, se  aleja el significado de lo que es un taller  literario. Espero comprensión.

Taller significa aprender haciendo.”Desde un punto pedagógico supone una forma de enseñar y sobre todo de aprender  mediante la realización de algo que se lleva a cabo conjuntamente”.

Autores experimentados afirman que aprender a escribir solo se logra escribiendo, taller no es una clase conferencista, se aprende a bailar, bailando, a cantar, cantando, a pintar, pintando. Un taller literario no está compuesto de un grupo de personas que se reúnen a leer textos de su autoría, corregir, analizar estilos, el aprendizaje estriba en unir la teoría con la práctica, ahondar en las estructuras,  herramientas  antiguas y modernas para seguir adelante “por cuenta propia”

Superada mi estadía por largos años y mi ejercicio periodístico en Santo

Domingo, hice acopio del adagio muy utilizado por los dominicanos,  “El hijo bueno a su casa vuelve”,  regresé a mi pueblo natal: La Romana.

No me he cansado de  repetir que después de  volcar  en papeles lo que otros dicen,  decisiones y resoluciones de organismos  gubernamentales y privadas en lugares donde me tocó trabajar,  decidí escribir lo que  pienso y dedicarme  a los géneros literarios.

Contagiada de entusiasmo adquirido en mis andanzas junto a genios de la intelectualidad, ya sea en conferencias, puesta en circulación de libros, ferias, tertulias, y ser miembro del Taller Literario Narradores de Santo Domingo, en cuyo seno empezó mi aprendizaje y desarrollo de aspectos diferentes a la estructura acostumbrada en  la práctica   profesional, me atreví  a fundar un taller literario, en el lar nativo, al que los pocos miembros que están  conmigo le pusieron mi nombre.

Salió a relucir la inclinación por la poesía, narrativa y el cuento, lo estoy haciendo, pero al mismo tiempo prima mi interés   en que otras personas lo hagan. No he encontrado colaboración con la excepción de las puertas que se han abierto en La Alianza Juvenil y Aldea cultural Santa Rosa de Lima.

En la búsqueda de datos referentes al desenvolvimiento literario en La Romana, he encontrado aspectos  interesantísimo en  “La Ría se Desnuda, y “Las Calles de La Romana, autoría de Isael Pérez y Alfonso Trinidad, (historiador, periodista, escritor y buen amigo),  respectivamente.

Nos remiten a la primera imprenta, periódicos, escritores de la época, la formación del  Círculo  literario Romanense (1980-1983), Boletines Literarios, Circulo Literario Luciérnaga, un Colectivo de Escritores Romanenses,  con muchas altas y bajas, pero luminosa para las letras en La Romana.

Cierto, que tenemos publicaciones de valía después de esa época recopiladas en antologías publicadas y exhibidas en librerías, ferias  nacionales e  internacionales,  pero perdón por mis inconformidades, así no es.

Oigo hablar de la Dirección Cultural, del Consejo Provincial de Cultura, Junta cultural de Cultura, Colectivo de Escritores Romanenses, y una pléyade de Gestores Culturales. Me pregunto: ¿qué de sus miembros? Espero la respuesta.

Mi preocupación es la falta de talleres literarios en los que se forme a las personas y sobre todo a la juventud  con vocación para ser escritores.   Con la puesta en circulación de libros  o  esporádica  feria del libro no es forma de culturizar un pueblo, silente en la actualidad en el aspecto enseñanza. En ningún momento estoy en contra de este procedimiento, esto reafirma lo de que La Romana es cuna de intelectuales de valía, repito, así no es.

 

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