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El Motín

La pelea entre dos supuestos ricos por una cuentecita de dos mil pesos

Fuente externa

Sucedió hace unos días en un restaurante de primera del ensanche Piantini de Santo Domingo a donde suelen acudir a  tertulias informativas los amantes del buen vino en un ambiente sin música estridente, en paz y en armonía burguesa.

El excelente lugar, además de famoso por su vinoteca, es lugar de destino para comensales de calidad y los que no se les aprieta el pecho ni temen halar la cartera para tomarse una copa o una botella de la más costosa reserva.

Frecuentado por nuevos y viejos tutumpotes, en el lugar también se cuelan, aunque ricos, personajes pobres y miserables de espíritu. A modo de ejemplo esta el alboroto que escenificaron dos figuras reconocidas del parnaso jurídico y farandulero local.

El litigante, hijo de un fallecido reputado abogado y ex rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y el empresario farandulero, con asiento en Nueva York, a la hora de pagar se levantaron de sus asientos y acudieron a la caja a chequear la cuenta.

De ninguna manera guardaron las apariencias y mucho menos procedieron con la tradicional delicadeza acostumbrada de los que piden al camarero que les traiga lo facturado.

El motivo de ese proceder es que los turpenes temían que un “buscavidas”, que compartió en su mesa, haya consumido dos o tres copas de tinto a su nombre.

Si no fuera porque los dos magnates peleaban en voz alta por no pagar dicha cuenta nadie se hubiese enterado.

Al marcharse ambos, algunos curiosos, por lo escandaloso de la refriega entre dos que presumen de adinerados, indagaron con unos de los mozos y se enteraron de que la razón de tanto escándalo fue que los tipos se peleaban al rehusarse a pagar dos mil pesitos extras.

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