Anuncios
El Motín

El “Breaking Point” de ‘Canelo’ Álvarez y Gennady Golovkin

ESPN

La segunda pelea de Gennady Golovkin y Saúl “Canelo” Álvarez, el próximo 15 de septiembre en Las Vegas, Nevada, tiene una odisea previa repleta de matices y alternativas cambiantes. Pero, para que esa odisea boxística haya sido posible, hubo un episodio diferente, un brusco cambio de rumbo en la carrera de cada uno, a partir de la cual se formalizó el camino hacia esta fascinante saga entre el kazajo y el mexicano.

La búsqueda y hallazgo de ese episodio, es la razón de esta columna.

El “punto de ruptura” (breaking point) es una definición de uso múltiple, pero que en esencia define un momento que divide “lo que sea” en un antes y un después. Desde la psicología humana a la gestión de inventarios comerciales pasando por las pruebas de resistencia de materiales llevados al “límite de rotura”. A esos conceptos se suma la presencia de películas y libros que lo han tomado como título para definir la trama de sus historias.

La primera batalla entre GGG y Canelo se hizo esperar y la segunda también. En ambos casos hubo circunstancias diferentes, sin embargo la saga en su conjunto (peleas 1 y 2), vivió durante el año 2016, dos sucesos determinantes que marcaron un antes y un después en la percepción de sus carreras o la propia actitud de los pugilistas.

LA RENUNCIA DE CANELO ALVAREZ

En el mes de mayo de 2016, la presión para que el entonces campeón mundial mediano CMB (Canelo) enfrentara al campeón interino y contendiente obligatorio (GGG) se tornó asfixiante. El Consejo Mundial de Boxeo le otorgó al mexicano 15 días de plazo para negociar la pelea. La decisión de Canelo, fue renunciar a esa defensa, dejar vacante el cinturón y evitar la pelea.

Ese fue el punto de ruptura.

El enfrentamiento entre ambos, estaba estipulado que ocurriera desde que Canelo venció a Miguel Cotto el 21 de noviembre de 2015 y le arrebató el cinturón. Sin embargo, el tapatío desconoció esa obligación y pactó una desigual pelea contra el británico Amir Khan, generando una embarazosa situación para el CMB, que fue duramente criticado por apoyar esa pelea desigual y predecible, tan predecible que le acertamos exactamente el momento del KO en la columna previa.

La justificación de entonces, fue que Oscar de la Hoya y Saúl Álvarez exigieron realizar un combate antes de su pelea obligatoria contra GGG. El CMB aceptó y cumplió su demanda. Sin embargo, al renunciar a su cinturón, Canelo alegó en un comunicado que, precisamente, la fecha límite de 15 días para negociar, impuesta por el CMB, fue la razón que le obligó a tomar tal decisión.

“Durante toda mi carrera he tomado las peleas que nadie quería porque no temo a nadie. Eso ha sido más cierto que nunca. Voy a enfrentar a “GGG”, y voy a ganarle, pero no seré obligado a ingresar al cuadrilátero forzado por plazos artificiales. Tengo la esperanza que poniendo a un lado este tic tac del reloj, los dos equipos pueden ahora negociar esta pelea, y “GGG” y yo podemos enfrentarnos tan pronto como sea posible, y así darle a los aficionados la contienda que quieren ver”. Decía el comunicado.

Sin embargo, Canelo no solo renunció, también decidió bajar a la división inferior (154 libras) e ir directamente por un título contra el considerado como el más flojo de sus campeones, Liam Smith, monarca de la OMB.

La negociación para esa pelea deseada entre Canelo y GGG se estancó, en medio de un concierto de especulaciones, dimes y diretes, hasta que se produce otro momento crucial en esa odisea tan alucinada como fascinante.

Canelo decide enfrentar a Julio Cesar Chávez Jr. en 164 libras, en una batalla por muchos catalogada de fiasco y al final de la misma, sobre el mismísimo ring, en un escenario preparado de antemano, Gennady Golovkin y Saúl Alvarez oficializaron su primer combate para el 16 de septiembre de 2017.

El resto es historia reciente y conocida. El polémico empate, la absurda tarjeta (118-110) de Adelaide Byrd a favor de Canelo, los dos exámenes positivos de Clembuterol a Canelo que impidieron la pelea del 5 de mayo, la suspensión del tapatío en Las Vegas y todo el culebrón alrededor de sus consecuencias.

Desde que Canelo renunció a su cinturón mediano en mayo de 2016, muchas cosas han ocurrido en su carrera, pero todas directa o indirectamente asociadas con la saga contra GGG. Sin embargo, aún hoy sigue siendo un misterio la razón de esa renuncia. La pelea realizada 15 meses después demostró que el mexicano tenía condiciones de enfrentar de igual a igual al kazajo e incluso de derrotarlo.

La renuncia, en definitiva, nos obligó a evaluarlo de otra manera, creó sospechas sobre la verdadera razón para abdicar a su título, generó un clima sombrío que las pruebas positivas de clembuterol transformaron en más tóxico aún y mancillaron su imagen ante buena parte de su fanaticada. Todo se pudo evitar si no hubiera renunciado en 2016. Por eso fue una ruptura.

EL CAMBIO DE ACTITUD DE GGG, “SU GRAN CANELO”

El 9 de julio de 2016 escribimos una columna que resume sin filtros, el “punto de ruptura” de Gennady Golovkin en esta historia: “Golovkin se rinde, hará La Gran Canelo” y fue la reacción a la soprendente noticia con la cual todos los aficionados desayunaron ese día: Kell Brook sería el próximo rival de GGG.

Pocas semanas atrás, tras el impresionante KO de Canelo sobre Amir Khan, en el análisis de esa pelea, titulado “A Canelo solo le bastó un golpe, por suerte”, reflexionamos sobre lo cerca que estuvimos de asistir a una tragedia, con la vida de un púgil puesta en riesgo debido a las diferencias físicas. Gennady Golovkin no tardó en responder de la misma manera, eligiendo un rival a modo y subido desde dos divisiones inferiores (147 libras), como el también británico Kell Brook.

El kazajo no solo estaba enfrentando a un rival débil, al que iba a noquear, también estaba poniendo en riesgo la integridad física de su rival, tal como ocurrió. Brook sufrió una lesión en el hueso orbital derecho y debió pasar por el quirófano tras esa pelea.

Esa vez y en dicha columna escribí:

“…el acertijo inexplicable nace con la decisión de GGG. Luego de todo el culebrón que padeció con todos los rivales que no lo quisieron enfrentar, rivales que por el contrario optaron siempre por ir contra oponentes a modo y huir al examen de realidad ante el kazajo. Un kazajo que nadie quería enfrentar, que cuestionaba los rivales de sus rivales, que siempre nos ofreció una imagen de pureza ética y que todos lo elevamos al pedestal de las victimas del injusto presente del boxeo. Justo él, el campeón llamado a redimir con su sola imbatibilidad la certeza de que el verdadero boxeo es el que enfrenta a mejores contra mejores en idénticas condiciones. Justo él decide entrar al club de las falsas estadísticas, decide ingresar por la puerta del fondo al redil de los chapuceros y decide colocar su nombre en el mismo libro negro de la ignominia en donde otros “campeones” ya han dejado su firma. Es demasiado fuerte”.

¿Cambio de estrategia comercial? ¿Destrucción de sus valores éticos y deportivos? Fue en cierto modo inexplicable entender la razón para esa pelea, pero definitivamente fue un antes y un después.

Desde ese momento nuestra percepción del campeón kazajo, siempre tuvo en cuenta ese detalle. Algo que se profundizó cuando el portal TMZ divulgó una entrevista con una inesperada confesión de GGG, donde reveló que después de enfrentar a Canelo, “dependería de su esposa que siguiera o abandonara el boxeo”.

La confesión tuvo tanta repercusión, que el propio Golovkin y su entrenador (Abel Sánchez) tuvieron que salir a negar esa jubilación y realizar aclaraciones apresuradas sobre el verdadero significado de sus palabras.

Fue el 25 de junio de 2017 y la columna de análisis que escribí sobre el nuevo culebrón, titulada “Una preocupante confesión de Gennady Golovkin”, se volvió un fenómeno viral. El embrión del trabajo periodístico se puede sintetizar en este tramo: “…si GGG habla de un posible adiós al boxeo después de enfrentar a Canelo, está aceptando que esa era su única meta: pelear por una buena bolsa y largarse”.

El tiempo, en parte, le dio más peso a la tesitura de que efectivamente los objetivos de GGG en esta etapa de su carrera y con 36 años cumplidos han sido en esencia más comerciales que deportivos. Es muy fácil comprender, en lo deportivo, que después de la primera pelea contra Canelo, aparece un solo rival, 100% a modo y de una categoría inferior (154 libras) como el armenio Vanes Martirosyan.

Un rival tan endeble como lo fue Kell Brook. Por esa razón, hay elementos suficientes para establecer el cambio de rumbo en la carrera de Golovkin, en aquella criticada decisión de enfrentar a Kell Brook. Ese fue su punto de ruptura. El “Breaking Point” que estableció un antes deportivo y un después comercial en la vida reciente de GGG.

Anuncios