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El Motín

Maduro presenta ‘pruebas’ del atentado y endurece su discurso contra Colombia

El País

Dos grupos entrenados entre abril y junio en una finca en la población de Chinácota, en el norte de Santander (Colombia), fueron los encargados de operar los dos drones que explotaron el sábado pasado durante un desfile militar en Caracas y que tenían como objetivo atacar la tribuna presidencial donde estaba Nicolás Maduro, según la versión del propio presidente. Entre las pruebas que ha aportado el mandatario están las declaraciones que dieron seis de los presuntos participantes en el atentado y que fueron divulgadas por el sucesor de Chávez la noche de este martes en una cadena de radio y televisión. No obstante, expertos policiales consultados por este diario han puesto en duda la solidez de las pruebas presentadas por el presidente venezolano.

“En estas horas que he pasado sigo sorprendido aún con todo lo que vamos descubriendo, de la intervención de la oligarquía colombiana y el traslado de métodos fascistas de la mano de importantes dirigentes políticos de la oposición”, dijo Maduro. Según su versión, el grupo que organizó el atentado está vinculado con el coronel Juan Caguaripano, que comandó el asalto y el robo de armas al fuerte militar Paramacay, en centro del país, en agosto pasado y que fue detenido días después.

El enlace entre Caguaripano y los autores del ataque sería José Monasterio Venegas, de quien se difundieron sus declaraciones ante las autoridades con el rostro difuminado. El detenido habría sido contactado por un aliado del coronel para realizar esta operación para la que le ofrecieron 50 millones de dólares y la residencia en Estados Unidos. Monasterios Venegas —con orden de captura desde el asalto al fuerte militar— necesitó entrenamiento para el manejo de drones que le fue ofrecido en Colombia, siempre según la versión oficial. Este sargento retirado del Ejército viajó a este país en una ocasión con el carnet fronterizo. Pero una segunda vez tuvo problemas con sus documentos y en su declaración asegura que fue ayudado por el diputado de partido opositor Primero Justicia Juan Requesens, por orden del también parlamentario Julio Borges, exiliado en Bogotá.

Expertos en seguridad han dudado de la solidez de la prueba reina aportada por el presidente Maduro. El relato del supuesto sargento tiene muchas incoherencias y carece de detalles que puedan dar veracidad a su versión, grabada en vídeo. La versión no aporta prueba alguna ni valida la narrativa del complot presentada por Maduro, pues no arroja luz sobre los puntos de reunión, habitaciones de alojamiento, vehículos utilizados o códigos de los conspiradores. Tampoco explica los roles ni adjudica misiones concretas a quienes formaban este supuesto grupo que pretendía matar al presidente.

Maduro señaló que el objetivo era situar los dos drones en la parte superior y frontal de la tarima presidencial, “para asesinarlos a todos” en la que llamó “Operación Junque-Martillo”. Además, detalló que uno de los drones estaba cargado con pentrita y pólvora y fue explotado a control remoto sobre la avenida Bolívar, cuando se percataron de que los inhibidores de señal que forman parte de la seguridad de Maduro habían desorientado el equipo que despegó desde el piso 10 de un edificio de oficinas cercano. “La onda expansiva tumbó a algunos oficiales e hirió a otros”, dijo Maduro, mientras mostraba unos balines de plomo que estaban dentro del explosivo e impactaron contra los siete militares heridos en el atentado.

El segundo dron, al perder la señal, se estrelló contra en el edificio Don Eduardo, a una cuadra de distancia del acto. Este estaría cargado con un componente de C4 y pólvora. Monasterio Venegas estaba en el grupo que operaba este aparato desde un vehículo y, según el presidente, fue capturado junto con su acompañante por los vecinos de la zona a los que les resultó sospechosa la presencia de los hombres.

“¿Como se capturó a esta gente? Por la inteligencia popular, un grupo de caraqueños vieron la actitud extraña de unas camionetas y de unos individuos extraños. Esas mujeres procedieron a capturar al primer grupo de terroristas que levantó el dron desde la esquina de Curamichate y lo entregaron a las autoridades. Quiero rendirle un homenaje a esa valentía popular. Eso es lo que se llama la guerra de todo el pueblo, batallando en cada esquina con lo que tiene en la mano, defendiendo el derecho a la paz”.

Durante la retransmisión por televisión también se difundieron los audios de las comunicaciones entre los involucrados en el atentado en las que se daban instrucciones sobre el manejo del dron que revelan cierta inexperiencia. “Hay que mantener el mando en P para darle al blanco”, insistía una mujer que está entre los siete detenidos que hay hasta ahora.

El diputado Requesens fue detenido la noche de este martes mientras Maduro hablaba en cadena nacional, junto con su hermana, la dirigente estudiantil Rafaela Requesens —que fue liberada unas horas más tarde—. Los vídeos de seguridad de su residencia muestran cómo fueron sacados a golpes por funcionarios del servicio de inteligencia venezolano y cómo uno de los agentes tapa la cámara cuando se percata de su presencia. Se trata del tercer diputado de la Asamblea Nacional —defenestrada por el Supremo, aliado de Maduro— que es detenido por el Gobierno, pese a la inmunidad parlamentaria que les da la Constitución.

La detención de Requesens ha desatado en Venezuela el miedo a caza de brujas en contra de la oposición. Diosdado Cabello, uno de los hombres fuertes del chavismo, dijo la noche del martes que la Asamblea Nacional sesionará este miércoles con el único propósito de retirar la inmunidad parlamentaria a “diputados implicados en el magnicidio”. Algunas fuentes consultadas por este diario creen que ocho parlamentarios podrían perder el fuero.

Extraditar a conspiradores
Maduro endureció su discurso contra el Gobierno colombiano e insistió en involucrar en el atentado al presidente saliente Juan Manuel Santos. “No queremos que Venezuela se colombianice con los métodos del crimen político, de los sicarios y los asesinos. Venezuela tiene que limpiarse todas esas plagas que vienen de Colombia, de la Colombia oligárquica”.

Además, pidió tanto a Bogotá como a Washington que entreguen a los involucrados en el atentado, en particular a Osman Delgado Tabosky, acusado de ser el principal organizador y de financiar el ataque, y que estaría residenciado en Florida, según Maduro. También reclamó la de Rayder Russo Márquez, en paradero desconocido. Aunque son acusados de ser los autores del atentado, ambos nombres y sus fotos aparecen en una denuncia hecha en diciembre a través de las redes sociales del grupo disidente del expiloto ejecutado Óscar Pérez, en la que los acusaban de ser infiltrados del Gobierno en el llamado movimiento de la resistencia.

Como una prueba de la conspiración en su contra del llamado eje Bogotá-Caracas-Miami, Maduro se refirió a los recientes comentarios del presentador peruano Jaime Bayly en su programa de televisión, quien desveló que se había reunido con los implicados y que tenían la intención de realizar un atentado con drones en Caracas.

A la confusión que ha nublado el atentado se suman las declaraciones que este martes dio a Reuters Salvatore Lucchese, ex dirigente de Voluntad Popular y quien compartió celda con Leopoldo López en 2014 durante las protestas antigubernamentales. Lucchese aseguró inicialmente que había sido parte de la organización del ataque, aunque luego se desdijo. A estas declaraciones también se refirió Maduro, quien aseguró que Lucchese estaba invitado este martes a la toma de posesión del colombiano Iván Duque.

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