El Motín

Seis pasos para vencer el miedo a hablar en público

El País

Hablar en público no es tarea exclusiva de políticos y famosos en ruedas de prensa: cualquiera puede verse en la tesitura de tener que presentar un proyecto en una sala de juntas, decir unas palabras en una celebración familiar o hacer una propuesta en una reunión del colegio. Para muchos, independientemente de que lo hagan mejor o peor, es un mero trámite que nos les produce la menor molestia. A otros, en cambio, la sola perspectiva les quita el sueño; literalmente, además, puesto que la glosofobia, o el miedo a hablar en público, va acompañada de síntomas físicos que no solo no ayudan a salir airoso del trance sino que lo complican. Y tiene consecuencias: puede influir negativamente tanto en el ámbito laboral como en el social.

Como habrá deducido al leer el nombre que la ciencia le otorga, sí, estamos ante una fobia, o lo que es lo mismo, “un miedo irracional a un objeto concreto o una situación”, según la Enciclopedia Britannica. Glossa en griego significa “lengua”, de modo que glosofobia haría referencia al miedo a hablar frente a una audiencia. Resulta imposible saber a cuántas personas afecta —no es algo que se vaya pregonando por ahí, aunque la web glossophobia.com asegura que un 75% de las personas la padecen—, pero conviene preguntarse si estos afectados responden a un perfil concreto. ¿Por qué ellos y no los demás? Aunque no existe una explicación universal, sí influyen tres grandes variables:

· Una experiencia negativa en el pasado. “Por ejemplo, cuando eran niños hablaron y se rieron de ellos”, propone Guillermo Fouce, profesor de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Colegio Oficial de Psicólogos de la capital. No tiene por qué haber sido una experiencia vivida en primera persona: “Puede que lo haya visto en el cine, o a un compañero”, añade. “El haber experimentado burlas, humillación pública, bullying, sobre todo en la adolescencia, hace que su autoestima pueda verse afectada”, agrega el psicólogo y experto en logopedia clínica Julio Ampuero, director del Instituto de Comunicación, Habla y Lenguaje de Vithas Internacional.

· Timidez o introversión. “Hay gente a la que le gusta el aislamiento, prefiere no relacionarse con otros, y esto puede provocarles cierta dificultad a la hora de comunicarse”, señala Fouce. Estaríamos hablando de “componentes genéticos que pueden derivar en respuestas de temor, ansiedad, miedo, entre otras, ante unas circunstancias determinadas”, según dice Julio Ampuero.

· Falta de confianza. Quizá somos abiertos y extrovertidos y no hemos sufrido una experiencia negativa en ese terreno, pero simplemente pensamos que no vamos a hacerlo bien. “Si piensas que lo harás mal, lo harás mal”, describe Fouce. En ese sentido, Julio Ampuero afirma que “la no asimilación de déficits de tipo psicológico o físico hacen que uno se sienta inseguro en determinados contextos comunicativos”.

¿Quiénes sufren más glosofobia?
La ciencia ha estudiado este problema y ha encontrado factores añadidos. Las mujeres “sufren más ansiedad que los hombres cuando dan un discurso públicamente”, concluye una investigación publicada en 2018 realizada entre estudiantes de la Universidad de Karachi (Pakistán). Otros estudios, en cambio, descartan que haya diferencias en función del sexo o la edad.

La autoconciencia —el conocimiento de uno mismo, en este caso en su relación con los demás— es un factor asociado con la glosofobia, según un estudio de Hasan Waheed, de la Universidad Metropolitana de Mánchester (Reino Unido). Es decir, aquellos que se perciben a sí mismos más claramente en sociedad tienen menos problemas para expresarse en público. También puede haber una diferencia “significativa” según el nivel socioeconómico, sostiene un estudio de 2017 publicado en The International Journal of Indian Psychology, que detalla que en estudiantes que pertenecen a familias con ingresos altos la ansiedad es menor.

Ante esa situación, la reacción más evidente son los síntomas físicos. Sudoración, temblor de manos y voz, palpitaciones, rubor… se deben “a un incremento de actividad del sistema nervioso autónomo”, explica Ampuero. “Es una respuesta del cerebro ante una amenaza. Si uno va a hablar delante de mucha gente es normal que tenga cierto nivel de activación; incluso si no está suficientemente activado también puede tener algún problema. Lo que hay que tener es la activación justa”, dice Fouce.

Pero esas reacciones físicas van íntimamente relacionadas con síntomas cognitivos y conductuales. Como detalla Julio Ampuero, los primeros serían “creencias e ideas irracionales, intrusivas, involuntarias e incontrolables acerca de los posibles escenarios que se pueden dar mientras la persona habla ante un público, como que va a ser humillado o no va a estar a la altura”.

Los síntomas conductuales “tienen como finalidad la evitación de dicha situación o la huida. Por ejemplo, la persona con glosofobia puede alegar falsamente que ha enfermado para no tener que acudir a una cita donde sabía que tenía que hablar en público”, apunta el especialista de Vithas Internacional.

Los seis pasos para superarlo
Existen diferentes grados de rechazo a la oratoria pública. “Habría que diferenciar entre la gente que tiene fobia, y directamente no puede hablar en público, y aquellos a quienes hacerlo les provoca cierta ansiedad y cierto estrés”. Si no ponen remedio, quienes solo sienten ansiedad pueden llegar a experimentar la fobia. En ambos casos, los especialistas recomiendan una líneas de intervención muy específicas:

1. Enfréntese al problema. Este es uno de esos casos en los que el mejor remedio es la terapia de choque. “Si tengo miedo a hablar en público y no lo hago, me va a generar cada vez más ansiedad y tensión. Se refuerza el temor”, afirma Fouce. Esto, aunque en un primer momento puede aumentar los mecanismos biológicos (sudoración, palpitaciones), llegado un punto conduce a la superación. “De ese modo se frena la dinámica, y la persona comprueba que nadie se ha reído, que ha salido bien, que no ha sido para tanto”, añade.

2. Ensaye frente al espejo. Coja el cepillo del pelo pero no para hacer playback con una canción de Madonna sino a modo de micrófono para preparar su exposición. “Tiene que considerar la voz y el lenguaje corporal, ya que ayudan a tener una mejor presentación; la entonación, los gestos adecuados y la postura son fundamentales. Conviene ensayar mucho para superar el miedo”, aconseja Ampuero.

3. Prepárese el discurso. Tener claro qué se va a decir “es el antídoto más eficaz contra el nerviosismo”, indica Julio Ampuero. “Para ello hay que trabajar con anticipación el tema por escrito, elaborar un esquema con los puntos principales para organizarse, considerar su duración, el estilo y aclarar las dudas sobre el contenido a exponer”. En los momentos previos a la intervención, “realice ejercicios de modulación, de respiración y de vocalización para perfeccionar la expresión oral”.

4. Aprenda a relajarse. Recurra a algunas de las técnicas conocidas de relajación. Evite decir que está nervioso: “Le hará pensar en que lo está”, advierte Fouce. Justo antes de hablar, “respire profundamente y beba agua si es necesario”, recomienda el experto en logopedia.

5. Fije la vista en un punto concreto. “Puede ser una persona que le genere especial confianza”, dice Guillermo Fouce. “Si no es posible, trate de dirigir la mirada hacia distintos lugares de la sala”, agrega Julio Ampuero. Coger un lápiz o juntar las manos también puede ayudar a canalizar el nerviosismo.

6. Imagine la situación en positivo. Pensar que va a salir bien es casi una garantía de éxito. Como el resto de medidas, va dirigida a “no estar nervioso cuando llegue el momento de la verdad, porque para su cerebro no será una situación nueva sino algo a lo que está más que acostumbrado”, apostilla Julio Ampuero. Y si no es suficiente, piense en esos futbolistas en las entrevistas: dicen cuatro cosas sin sentido y la gente los adora.