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El Motín

Erdogan asume todo el poder en una Turquía polarizada en las urnas

El País

El jefe de filas del islamismo político turco, un dirigente autoritario cuya ideología cabalga con pragmatismo táctico a caballo entre la democracia cristiana alemana y de los Hermanos Musulmanes egipcios, sabe bien cómo ganar elecciones. Ha vencido en todos los comicios que ha disputado desde hace tres lustros. Ahora ha consumado su sueño de ostentar una presidencia fuerte, sin trabas excesivas del Parlamento, que por lo demás también controlará junto con sus aliados de la extrema derecha nacionalista.

Está por ver si un país de 80 millones de habitantes, que cuenta con el segundo mayor Ejército de la OTAN y que desde 2005 es candidato formal al ingreso en la UE, se encamina hacia el modelo ejecutivo de la V República Francesa o hacia una presidencia divisiva, de tenor bolivariano, para perpetuarse en el poder como el chavismo frente a una oposición polarizada, también de élites liberales y minorías como en Turquía.

El estado de emergencia impuesto tras el fallido y sangriento golpe de Estado de 2016 —cuando Erdogan estuvo más cerca de ser apartado del poder— y el control de los medios de comunicación públicos y de la mayoría de los privados, a través de empresarios afines, ha condicionado el curso de las elecciones para la oposición. Pero hasta el principal rival de Erdogan en las urnas, el socialdemócrata Muharrem Ince, acabó reconociendo la victoria electoral del presidente turco en un entorno manifiestamente “injusto” y “desigual”.

Sin apenas ataduras del Legislativo y con amplia potestad para designar a la cúpula del Poder Judicial, el presidente ya ha anunciado que reforzará la implicación militar de su país en Siria para consolidar una zona de influencia al término de la guerra civil en el país vecino, y prevenir la aparición de una nueva entidad estatal kurda al otro lado de sus más largas fronteras.

Como es tradición en la noche electoral desde su primera reelección, en 2007, Erdogan volvió a anunciar la pasada madrugada desde el balcón de la sede de su partido en Ankara que gobernará para todos los turcos y que va a impulsar reformas democráticas. Previsiblemente, hoy ya habrá olvidado sus promesas para concentrarse en las próximas elecciones: las municipales que el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) afrontará en 2019 en horas bajas.

Recuperación de la lira

El analista Etyen Mahcupyan, que fue asesor especial de Ahmet Davutoglu hasta que el primer ministro turco fue apartado por Erdogan tras el retroceso del AKP en las elecciones de 2015, considera que “aunque Erdogan es el ganador de los comicios, ha concluido la carrera electoral en peor posición de la que comenzó”.

Recuerda que contaba con un año y medio de legislatura con mayoría parlamentaria por delante cuando el pasado abril decidió adelantar los comicios ante las señales negativas que enviaba la economía. “Ahora ha consolidado su poder presidencial con votos prestados y ha perdido la mayoría en el Legislativo a expensas de los nacionalistas del MHP, que se cobrarán su esencial apoyo político con altos cargos y exigencias en favor de su electorado”, advierte.

La economía doméstica en declive es su asignatura pendiente tras largos meses de animar a los ciudadanos a endeudarse y de desembolsar ingentes sumas en proyectos faraónicos. Los mercados han recibido con beneplácito el mensaje de estabilidad que representa su reelección, con una subida de la lira del 2%, devaluada frente al dólar y el euro un 20% en lo que va de año.

Mahcupyan interpreta que el opositor Ince ha logrado un gran éxito al superar el listón del 30% de los votos, aunque se ha visto también beneficiado por los sufragios prestados de electores kurdos y de la derecha aliados con su partido en el Parlamento.

 

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