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El Motín

Leones en liceo de Imbert

Sebastián del Pilar Sánchez

Durante la década de 1960 el pueblo de Imbert logró un notable avance sociocultural que se apreciaba en el auge de su comercio y sus clubes. También en la calidad de su liceo de educación secundaria, fundado en el año 1963 por iniciativa del profesor Israel Brito Bruno, un pastor evangélico metodista, oriundo de la provincia de Samaná, que estableció la primera academia de mecanografía, taquigrafía e inglés en Bajabonico, la cual operaba dentro de una casona de madera (de dos niveles), situada en la intersección de las calles Sánchez y Valerio.

No hace tanto tiempo que hice referencia en este espacio a las bondades del club Activo 20-30 Internacional, asentado en Imbert el 14 de enero de 1964 por un puñado de jóvenes unidos en la intención de mejorar las condiciones de existencia de la población y en especial de la niñez desvalida.

En esta ocasión rememoro los inicios del referido liceo y los aportes posteriores en defensa de sus alumnos realizados por el club de Leones surgido en 1965 por inspiración y contagio de la trascendente labor social ejecutada por los jóvenes 20-30.

Esos dirigentes demostraron ser emprendedores exitosos por el resultado de su entrevista en el Palacio Nacional con el triunviro Manuel Enrique Tavares Espaillat, a quien lograron convencer para que su gobierno ordenara al ministerio de Obras Públicas construir en el tiempo más breve posible el hospital del pueblo, inaugurado poco más tarde. 

El club de Leones de Imbert nació el 28 de marzo de 1965, tres meses después de la entronización en el país de la familia leonística, traída desde Puerto Rico por el empresario Alfredo C. Leschorn, quien se había compenetrado en la vecina isla con su filosofía de trabajo y la consideró beneficiosa para fortalecer el liderazgo empresarial dominicano.

Leschorn fue electo presidente de esta entidad en Santo Domingo el 18 de diciembre de 1964, durante una asamblea celebrada en el hotel Embajador donde participaron 66 socios que más tarde serían los pioneros de la propagación del leonismo en el país.

De mano de estos individuos, a principios de 1965 el club de Leones llegaría a las ciudades de Santiago, La Vega, Barahona, San Pedro de Macorís, Moca y Puerto Plata; siendo instalado en Imbert a finales de marzo, para  convertir a este municipio en uno de  los primeros dieciséis en tener la organización, pudiendo participar así en la creación del primer distrito leonístico de la República Dominicana, conformado por unos 90 socios que escogieron como su gobernador al ingeniero Manuel Mena Blonda.

Al igual que en Santo Domingo, los empresarios de Imbert se sumaron al club de Leones, formando una directiva de hacendados y dueños de tiendas que tenía de excepción al doctor Juan Enrique Adams Jesurum, un médico de Samaná que estaba dirigiendo el hospital municipal y fue seleccionado como presidente del club para aprovechar su vasta cultura, su facilidad de comunicación, su desenvoltura y destreza en el trato social.

Junto al doctor Adams tomaron el mando leonístico los señores José María González, primer vicepresidente;  Alberto Canahuate Resek, segundo vicepresidente; Bernardo Almonte, tercer vicepresidente; Pedro Puig,  secretario, y Arcadio Luciano, tesorero.

También José Encarnación Cabrera Vásquez (don Picho), director de la carta constitutiva; Rafael A. Reyes -Bravo, domador;  Ivo Cabrera, tuercerrabos; y como vocales,  Carlos Reyes Martínez, Pastor González, Ramón Emilio Lendof y Plácido Parra.

Otros socios fundadores del club imberteño eran don Lorenzo Silverio, Ignacio Mariotti, Fabio Lara y Miguel Ángel Puig.

Esta institución fue constituida durante un acto efectuado en el ayuntamiento municipal, orientado por los señores Servando R. Ovies y Plinio Maceo, delegados internacionales, quienes estuvieron acompañados de Rafael Isla y Eduardo Canahuate, presidente y tesorero del club de Leones de Puerto Plata, que fungió de padrino.

El club y la educación

Durante el año 1964 se constituyó una comisión pro mejoramiento de los planteles escolares del municipio, integrada por el síndico Bernardo Almonte, el profesor José Antonio Fernández Martínez, inspector de educación; las profesoras Marina Santos de Suazo, Teresa Gómez García, Mireya Altagracia Cabrera Santos y Altagracia Mercedes Puig González (Tatin).

Esta comisión recibió una animada asistencia del club de Leones, tan pronto fue formado en marzo de 1965; pues éste no perdió tiempo en contribuir con la mejoría de las operaciones de la biblioteca municipal y el liceo secundario que aún no estaba oficializado.

Este centro educativo operaba dentro de una vieja casa de madera, situada frente a la clínica Doctor Hart, en la calle Duarte esquina Hermanas Mirabal y era dirigido por un profesor respetado y estimado por su trato amable y su caballerosidad, llamado don Andrés Brito,  quien era pastor metodista igual que su hermano Israel, el fundador de la institución docente que el ministerio de Educación trasladó a Santo Domingo para que dirigiera el liceo Juan Pablo Duarte, el más antiguo del país.

Don Andrés conducía un modesto personal de seis educadores y dos auxiliares administrativos, constituido por los profesores Elsa Cabrera Francisco, Alfonso Martínez, Carmen Julia BournigalLoinaz, Angiola Luciano Mena, Carmen Rosa Liranzo Tamayo, Tatin Puig González; y los empleados, Lila Cabral de Tejada, secretaria y Carmela Polanco de Díaz, conserje.

El principal problema del liceo consistía en que allí sólo se podía cursar los tres primeros grados del bachillerato y sus alumnos para poder graduarse tenían que inscribirse como estudiantes libres en el liceo secundario José Dubeau del municipio de Puerto Plata, teniendo que viajar hasta ese lugar a tomar clases y exámenes.

En 1965 esa travesía era realizada por los estudiantes Aura Reyes Cabrera, Miguel Ángel Parra Mezquita, Violeta Luciano Mena, José Francisco Alcántara Rodríguez, Ivonne Lara, los hermanos Iván y Carlitos Reyes Levy, las mellizas Luisa y Josefina Bonilla Parra, Adriano Rivera (Papi el lento) y Sunilda Mena.

Ellos hacían el recorrido de 18 kilómetros por la carretera vieja, cruzando el puente metálico de Barrabas y la sección de Hojas Anchas a bordo de un carro Opel, modelo Capitan, conducido por su propietario Rafael Guzmán Recio, un taxista que compartía esa ruta con Güicho Santos, quien hacía este servicio en un automóvil Austin. 

Los estudiantes llegaban muchas veces a su destino transportados en el carro blanco de la familia Alcántara, un Volkswagen del tipo cepillo que manejaba el estudiante y futuro médico, Fafán Alcántara.

Para superar esa situación se llevó a cabo una prolongada y efectiva campaña por la prensa escrita y la radio de Puerto Plata y Santiago, en la que se denunciaba las vicisitudes que pasaban esos jóvenes para poder obtener su título de bachiller.

En esta campaña jugó un rol importante un joven imberteño que era oficinista y contable en la próspera empresa ferretera del hacendado don Félix Henríquez Silverio y quien también ejercía la función de comunicador social, como corresponsal del diario El Caribe en Imbert y otros pueblos de la región norte.

Este era Alcides Silverio, quien por medio de ese periódico matutino difundía todas las noticias posibles sobre la situación educativa de Imbert, resaltando las diversas diligencias realizadas por las instituciones representativas de la comunidad, para lograr que el gobierno del presidente Héctor Rafael García-Godoy Cáceres ordenara la creación del cuarto grado de bachillerato y el reconocimiento oficial del liceo 

El 21 de diciembre de 1965 el diario El Caribe trajo en una de sus páginas una noticia calzada con la firma de su corresponsal Alcides Silverio, en la que se anunciaba la solución del problema y la oficialización del liceo que desde el 7 de enero llevaría el nombre de un historiador y educador de Saint Thomas que había hecho valiosos aportes a la educación en Puerto Plata, llamado Enrique EnmanuelAshton.

La noticia servida por este comunicador, quien ya era miembro del club de Leones y lo presidiría años más tarde, produjo mucha alegría en el pueblo que la apreciaba como el regalo de navidad o de reyes del ministerio de Educación.

Ese día la gente jubilosa improvisó un desfile por las calles principales de la comunidad, que culminó con una manifestación de profesores y estudiantes en la inmediación del plantel, donde el director Andrés Brito pronunció algunas palabras dando las gracias a las autoridades por materializar su anhelada petición. 

Los imberteños no olvidarán jamás el visto bueno que diera a este proyecto el ministro de Educación del gobierno de García-Godoy, licenciado Carlos María Hernández, quien conocía muy bien la problemática educativa de la provincia por haberse desempeñado hasta el mes de octubre de 1965 como director del liceo secundario José Dubeau.

La oficialización del liceo Enrique EnmanuelAshton el 7 de enero de 1966, significó la creación inmediata del cuarto curso del bachillerato y la ampliación del cuerpo docente por el alto número de alumnos que cursarían nuevas asignaturas en ese año.

Los profesores contratados en el período 1966-1968, mediante concurso de referencia, fueron los jóvenes Milagros Peralta Pichardo, Fabio Alejandro Lara Espaillat,  Mélida Brito, Olga BournigalLoinaz, Ivonne Lara, Deysi Ulloa y Mario Sally García, quienes se estrenarían en el magisterio en este anticuado plantel.

Los estudiantes eran, entre otros, Aura Reyes Cabrera, Miguel Ángel Parra Mezquita, los hermanos Iván y Carlos Reyes Levy, Yoyolito Cabrera Balaguer, Nelson Puig González, Juan Luis Peralta Beco, Miguel Antonio Cabrera, Melania Meléndez, Ramón Francisco Martínez (Monchi), Arsenia Díaz, Chijin Valera, Tito Rafael Cabrera, Pusito Cabrera, Darío Victoria Castillo, Fifi Cabrera, Marisol Cabrera Francisco, Froila Vargas Díaz, Mélida Brito, Maritza Ureña, Rafael Sánchez Consuegra, Yolanda Cabrera, Alberto Simón y las hermanas Carmen Corina y Ana Virginia Vargas Oliver (Michia).

La fiesta de San Antonio

En los días 13 de junio, durante la década de los años 60, estuvo bien arraigado en Imbert el culto a San Antonio de Padua, un sacerdote franciscano de origen portugués al que la feligresía católica le atribuía el poder de entenderse con los peces y hacer milagros a favor de las chicas enamoradas que aspiraban a lograr un buen partido.     

La devoción por San Antonio era bien firme en la parte urbana de la comunidad, porque se realizaba entonces una extensa celebración en la pequeña hacienda de la señora Antonia Acosta que colindaba con la finca de Ernesto Heinsen, donde se concentraba medio pueblo a rendir tributo al santo prodigioso.

Con asombroso regocijo la gente participaba en los rezos y ofrendas que se realizaban allí, pero ese culto disminuiría con la venta de esa hacienda a su vecino y copropietario de la fábrica de quesos Geo, tras la desaparición física de esta dama, mejor conocida por el sobrenombre de “Doña Toña”.

Aun así, el culto seguiría siendo fuerte en la sección de Bajabonico Arriba y en la zona rural, robustecido con el respaldo que le diera el hacendado Félix Henríquez Silverio, quien contribuyó decididamente a su permanencia en la comunidad con la construcción de un templo católico con el nombre del virtuoso religioso.

Cada 13 de junio, la veneración se destacaría por su carácter multitudinario con el arribo al lugar de decenas de personas montadas en camiones, camionetas y todo tipo de vehículos, que iban a participar en los actos religiosos y recreativos, en aquel jolgorio caracterizado por el consumo exagerado de alimentos y bebidas.

Seguro por eso, el comerciante Plácido Parra, al hacer la comparación de dichas fiestas, dijo una vez que la gente iba donde “doña Toña atraída por la televisión, y donde don Félix a montar en camión”.

 

La celebración del Día de Las Mercedes

Esta fiesta del 24 de septiembre, en honor a la virgen de las Mercedes, es la más suntuosa, prolongada y concurrida que se realiza en el pueblo de Imbert y tiene un carácter religioso, cultural y recreativo, porque resalta y  reverencia la imagen de la santa patrona de la República Dominicana.

En Imbert se lleva a cabo una celebración de toda una semana, al igual que en los municipios de Hato Mayor, Sabana Grande de Palenque, Pimentel,  Cabrera y Constanza, donde se le rinde culto a la virgen con procesiones de feligreses, múltiples bautizos y actos de primera comunión y confirmación.

En los años 60, la actividad en Imbert era coordinada por un comité organizador encabezado por el padre Benito Taveras, contando con el concurso de los clubes de Leones y Activo 20-30, quienes participaban en la programación de diversas actividades, como el palo encebado y los juegos populares.

El momento culminante de esta celebración correspondía -como en la actualidad- a la coronación de la reina de las fiestas patronales, en un acto bien concurrido que finalizaba con un hermoso baile donde participaban reconocidos artistas nacionales.

La generación de los años 60 evoca con nostalgia las imágenes de la reñidísima competencia de 1964 entre las bellas jóvenes Miriam Morales Collado y Violeta Luciano Mena, reina y virreina de aquel certamen.

La atractiva y arrogante hija de Antonio Morales y Luisa Collado, sorprendió superando en votación cerrada a la señorita Luciano, la favorita en distintos lugares de la comunidad, donde se le profesaba vehemente admiración por su personalidad y carisma, inteligencia y aplicación en la actividad cultural y académica. 

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