El Motín

Qué hizo el “mayor estafador” de Argentina, al que comparan con Bernard Madoff

El Comercio

Enrique Juan Blaksley Señorans es el nombre de un empresario que supo cultivar un alto perfil, auspiciando eventos deportivos con figuras internacionales, a quien la prensa en Argentina apodó el “Madoff argentino”.

Recientemente fue imputado por la justicia por la presunta autoría de 318 estafas, además de otros delitos como captación de ahorros del público no autorizada y lavado de activos.

El procesamiento alcanzó además a otras tres personas vinculadas a Blaksley.

Se trata de Federico Armando Dolinkue, Alejandro Miguel Carozzino y Verónica Inés Vega.

La resolución de la jueza federal María Romilda Servini de Cubría convirtió en “prisión preventiva” las detenciones que ya pesaban sobre las cuatro personas.

A Blaksley Señorans se le trabó un embargo por $3.000 millones, una suma cercana US$ 150 millones al cambio actual.

Maniobras millonarias

En la resolución de la jueza se citan estimaciones preliminares del Ministerio Público según las cuales “los fondos correspondientes a maniobras fraudulentas en total rondarían $1.500 millones (cerca de US$74 millones).

La suma involucrada en “conductas de legitimación de activos” asciende a $1.233 millones (unos US$60 millones).

Según la jueza, los imputados “habrían montado una estructura destinada a captar sumas millonarias en pesos (moneda argentina) y en dólares de numerosas personas”.

Tras mantener el dinero depositados en plazos que iban de 6 a 72 meses, ofrecían una tasa de interés “del orden del 6% hasta el 45% nominal anual, según el caso, con la obligación de restituir la suma aportada más los intereses pautados, que superaban ampliamente las tasas de mercado y con garantías no verificadas”.

El dinero captado a través de la compañía Hope Funds “se habría dirigido a la capitalización del grupo económico y al beneficio de sus integrantes”.

A su empresa se le atribuyen participaciones en Hard Rock Café, la compañía de alquiler de autos Hertz, el proyecto de barrio privado Verazul y Auditorio Buenos Aires, entre otros emprendimientos.

Con deportistas famosos

El nombre de Blaksley Señorans, de 53 años, apareció vinculado a eventos deportivos con figuras internacionales que visitaron  Argentina.

Entre esos eventos se destacan partidos de tenis entre el suizo Roger Federer y el local Juan Martín del Potro y las hermanas Venus y Serena Williams, así como la visita del velocista Usaín Bolt.

En su escrito, la jueza Servini de Cubría explica que en el caso del partido entre Federer y Del Potro, la firma Hope Funds firmó un acuerdo asociativo con una empresa de marketing deportivo, aportando US$1.250 millones para la producción conjunta del evento.

La magistrada, sin embargo, no le otorga a Blaksley Señorans un rol de organizador de ese partido.

Argentina

La jueza del caso sostiene que los imputados “habrían montado una estructura destinada a captar sumas millonarias”. (Foto: BBC Mundo / Cortesía Infobae)

También se cita una carta de promoción del 2013 por $2.483.300 (unos US$121.000 al cambio actual) por medio de la cual Hope Funds sería auspiciante de todos los eventos que organizara la empresa de marketing deportivo durante ese año.

Según la jueza, el empresario “únicamente participó de eventos deportivos de marcada trascendencia como sponsor de los mismos y no como organizador”.

Servini de Cubría sostiene que “resultaría incierta la afirmación realizada por Enrique Juan Blaksley Señorans en cuanto se arrogaba el hecho de haber ‘traído’ a los deportistas mencionados a competir a este país”.

“No hice nada para perjudicar a nadie”

En su descargo judicial Blaksley Señorans relató sus inicios como vendedor de seguros y su posterior expansión.

Habló de problemas financieros pero aseguró que “no tiene sentido convertirme de un día para otro en un monstruo cuando a mí me iba muy bien”.

“Si falló una situación financiera es otro tema, pero que yo haya pergeñado un esquema para estafar gente no es así”, expresó.

Afirmó que hay personas a las que “no pude responderles” y que quiere hacerlo pero dijo que está “impedido”.

En ese sentido indicó que los acreedores podrían cobrar gracias a los “activos que la compañía sigue teniendo”, siempre y cuando no se deprecien.

Blaksley Señorans indicó que la primera causa judicial que tuvo fue en el 2014 por evasión y lavado de dinero e intermediación financiera.

Según su relato, esa causa tomó estado público en el 2015.

Argentina

Blaksley Señorans niega haber creado un esquema para perjudicar a los inversores. (Foto: BBC Mundo / Cortesía Infobae)

El empresario expresó su rechazo al mote de “Madoff argentino” acuñado por la prensa.

“Madoff nunca compró nada, no hizo malos negocios y jamás hizo lo que dijo que hizo. Mis negocios existieron, invertí, no inventé un estado de cuenta”, expresó.

“No hice nada para perjudicar a nadie”, insistió.

“Salí para enfrentar una crisis, los medios me mataron y aparecieron los abogados y todo el día soy un monstruo de la TV”, declaró.

Bajo investigación

En el fallo donde fundamenta el procesamiento, la jueza sostiene que el empresario “en un principio cumplió con el compromiso asumido en los contratos y de esa manera se ganó la confianza de sus clientes, quienes a su vez promocionaban a la empresa sin saber en verdad lo que ocurría en ella y les acercaban nuevos clientes”.

En referencia a los casos que se investigan, señaló que “en su gran mayoría nunca seles devolvió el dinero prometido ni el aportado inicialmente”.

Las maniobras habrían sido perpetradas por una asociación que “estaría constituida por aproximadamente 15 personas”.

En la resolución judicial se habla de “alrededor de 60 sociedades comerciales” constituidas en distintos países.

La jueza del caso considera que esas sociedades “fueron utilizadas como vehículos para desplegar las maniobras delictivas, sea mediante la canalización del dinero hacia el exterior, como así también en su carácter de pantallas para adquirir propiedades a nombre de las personas físicas imputadas”.

Por el momento los imputados gozan del principio de presunción de inocencia que regirá mientras no haya una sentencia firme producto de un juicio.

La investigación aún está abierta y las decisiones que se toman son susceptibles de ser apeladas.

Una vez concluida esta etapa, la jueza deberá decidir si hay elementos para que se eleve el caso a juicio oral, instancia en la que se determinará si aquellos que tengan procesamiento firme son culpables o inocentes.

La sentencia que surja de ese juicio también puede ser apelada.