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El Motín

EL PATRIARCA INJURIADO

 Por Sebastián del Pilar Sánchez 

El  domingo 28 de noviembre de 1965 el consejo nacional de disciplina del partido blanco decidió expulsar de sus filas al veterano dirigente perredeísta Ángel Emilio Miolán Reynoso, acusado de haber violado la línea política de la organización durante la Guerra de Abril de ese año.

La decisión causó revuelo, pues era un dirigente excepcional que en numerosas ocasiones había puesto en peligro su vida, luchando por la libertad, la democracia y el bienestar del pueblo dominicano.

Para el ciudadano común resultaba difícil comprender la conversión de héroe a villano de este dirigente que había sido el vocero de la conocida “Comisión de la Libertad” que llegó al país desde el exilio el 5 de julio de 1961 a organizar el partido blanco, aprovechando  el ambiente de libertad restringida que él contribuyó a crear después de la muerte de Trujillo.

Era totalmente inexplicable su separación del PRD, donde se había desempeñado como su presidente elegido en su primera convención nacional, efectuada el 21 de octubre de 1961 en el cine-teatro Ozama de la ciudad capital.

Pues en este partido…no sólo había sido su principal organizador, sino que se le consideraba -por su inagotable capacidad de trabajo- como el estratega del triunfo alcanzado por sus candidatos en las elecciones del 20 de diciembre de 1962, incluido Juan Bosch.

Miolán estuvo en la presidencia del PRD hasta el 25 de octubre del año 1964, cuando fue sustituido por Bosch en la tercera convención nacional ordinaria que hizo  esta entidad en su casa nacional, en el sector de Gascue, estando ambos exiliados en Puerto Rico.

En ese evento su nombre no fue presentado a ningún cargo directivo, se le marginó totalmente de la dirección política, con lo cual quedaba en evidencia su pésima relación con el líder del partido.

Su camaradería con Bosch se había resquebrajado. El deterioro de esa antigua amistad, de manera discreta comenzó  a manifestarse con la inauguración del gobierno perredeísta que no le confirió puesto ejecutivo, ni asesoría en una sola de las tantas oficinas del Estado, como es costumbre en quienes dirigen el partido oficialista en la República Dominicana. 

Se puede decir sin exagerar que en ese gobierno fue tratado con cierta indiferencia, y que el partido bajo su mando fue ignorado, disminuido y conducido a la inactividad; hasta el punto que cuando Bosch fue derrocado, los locales partidarios -por orden suyas- operaban sólo como escuelas.

Las contradicciones internas

El juicio contra el antiguo dirigente perredeísta se llevó a cabo durante la mañana del 28 de noviembre de 1965 en su local de la avenida Independencia esquina Cervantes; exactamente, donde funciona la sede principal del Partido de la Liberación Dominicana.

En ese lugar estaban presentes unas 150 personas, entre dirigentes, militantes, periodistas y unos cuantos curiosos, pero el inculpado inexplicablemente brillaba por su ausencia; aunque más tarde explicaría -en declaración pública- que no asistió a dicho juicio porque no fue notificado, negándosele el sagrado derecho a la defensa.

Miolán calificó de “vagas e inconsistentes las imputaciones falaces  en su contra, fruto -según su apreciación-  de la calumnia y la mentira de sus acusadores”, quienes habrían apelado al uso de armas indecorosas para atacarle, en “muestra típica del canibalismo político con que algunos estaban prostituyendo las normas de altura y dignidad del partido del pueblo”.

Ante su ausencia del juicio, y en señal aparente de respeto a sus derechos, el consejo de disciplina del PRD designó como abogado de oficio a Juan Onofre Holguín, quien más que su defensor, parecía ser el auxiliar del fiscal y presidente del comité del distrito del PRD, doctor Máximo Lovatón Pittaluga, pues había sido comisionado por la alta dirección del partido para airear las faltas a la disciplina interna que atribuían al veterano dirigente político.

El plan contra el expresidente del PRD se hizo público mucho antes de la convención de 1964, pero la intención en realidad no era tanto expulsarlo, sino aplacar su resistencia a ser relevado de modo provisional por el viejo luchador antitrujillista  Máximo Ares García (don Pasito), cuando Miolán alegaba que su mandato como principal ejecutivo del partido culminaba el 21 de octubre de 1966.

La rebeldía de este dirigente aumentó con la celebración de dicha convención  y su sustitución por el profesor Bosch en la presidencia del PRD, provocando  que el comité  del distrito volviera a considerar el apremio de someterlo al consejo disciplinario.

Pero lo que rebosó la copa, o colmó la paciencia de Bosch y los altos mandos del PRD fue un documento publicado el 11 de noviembre de 1965 en los diarios nacionales, firmado por el influyente comité provincial de Santiago, presidido por el distinguido empresario farmacéutico Germán Polanco, que llamaba a la unidad interna y a la reedición del binomio Bosch-Miolán, considerando el éxito que obtuvo en la dirección de  la campaña electoral de 1962.

El documento abogaba por la celebración de una convención en un plazo de 90 días para sustituir a los miembros del comité ejecutivo nacional, por ser supuestamente sectarios e incompetentes, además de un plan de trabajo que sacara al partido de la postración en que  se encontraba.

Este manifiesto conmovió a Bosch y a la élite partidaria, ya que no esperaban tal desafío, acompañado de una crítica severa a su inactividad política, al decir que el perredeísmo no estaba hecho para el letargo y  era necesario movilizarlo y prepararlo a todo vapor, a fin de  obtener la mayor de  las victorias en las elecciones de 1966.

Este documento advertía además que mientras los perredeístas estaban con los brazos cruzados, Balaguer no perdía su  tiempo y organizaba sus tropas para la lucha comicial; subrayando que el PRD tenía derecho a enorgullecerse con sus hazañas, pero le estaba prohibido dormirse en sus laureles. 

El manifiesto de Santiago estaba además firmado por dirigentes emblemáticos como José Saúl Petitón, secretario general del comité provincial;  Félix María Santos, secretario de actas y correspondencias; Ramón Evangelista Jorge, secretario de asuntos electorales; y Rigoberto Núñez, secretario de asistencia social.

También Miguel Antonio Rodríguez, secretario de asuntos  campesinos; José Apolinar Polanco, secretario de relaciones públicas; Evelio Pérez Molina, secretario de cultura y propaganda, y Antonio Jiménez, secretario de organización.

A esa posición se sumaron de inmediato los dirigentes de los subcomités de los ensanches Libertad y Román, y de los barrios Pueblo Nuevo, El Congo, El Egido, España, Los Pepines, Villa Belén, Hoyo de Lima, Baracoa y La Otra Banda.

Igualmente, los comités municipales de San José de las Matas, Mao, Castañuelas, Villa Vásquez, Navarrete, Jánico, Guayubín, Esperanza, San Pedro de Macorís, Puerto Plata, Luperón, Sosúa, Pimentel, Castillo y Salcedo.

Para evitar que la euforia miolanista se extendiera por todo el país, obligando a variar sus planes, la alta dirección del partido aplicó medidas represivas a varios de los firmantes, obligándolos a retractarse,  evitando ser sancionados y expulsados de su organización.

Asimismo, el comité del distrito decidió apresurar el juicio contra Miolán, agregando a su expediente la imputación de haber observado una conducta desleal a los principios del partido durante la guerra civil de 1965, al solicitar la intervención de la  Organización de Estados Americanos (OEA), mediante una acción multilateral en el plano diplomático (no militar) que detuviese -por la abrumadora cantidad de civiles muertos- el genocidio producido por las tropas del general Antonio Imbert  con su “operación limpieza” en la zona norte de la capital, a mediados de mayo de 1965.

Miolán estaba en Puerto Rico en ese momento y la visión que tenía era que se estaba produciendo una verdadera masacre en suelo dominicano; por lo cual se trasladó a Venezuela, visitando allí al presidente Raúl Leoni y a su ministro de relaciones exteriores y futuro jefe de Estado, Jaime Lusinchi, quienes eran sus amigos personales y con quienes conversó en torno a los acontecimientos de Santo Domingo, resaltando ante ellos la hegemonía de las fuerzas democráticas en las filas constitucionalistas y convenciéndolos  de hacer algo que pusiera fin a la referida matanza.

Miolán conocía muy bien a Venezuela, porque su vida en el exilio discurrió entre ese país y México, acumulando en ambos lugares muchos afectos y relaciones políticas de alto nivel, que contribuyeron a incrementar la solidaridad con la causa constitucionalista, ya que por iniciativa suya se formó un comité coordinador de los partidos de la izquierda democrática que hizo un vigoroso pronunciamiento en apoyo a la Revolución de Abril.

De acuerdo a Miolán, Bosch estaba detrás del comité del distrito en esta acusación, pues sostenía que “un asunto  de ese calibre sólo podía caminar dentro de las estructuras vigentes del perredeísmo, contando con el visto bueno del profesor”.

Decía también Miolán que “ningún dominicano consciente puede creer que el compañero Bosch esté desvinculado de la iniciativa del comité  del distrito”, advirtiendo “que éste cargaría con la mayor parte de la grave responsabilidad histórica del deterioro que pudiera producir en la unidad del PRD”. 

Otras imputaciones

 A Miolán se le cuestionaba por fomentar el grupismo en la relación de su partido con la Federación Nacional de Hermandades Campesinas (FENHERCA), una organización muy poderosa que contaba con unos 3 mil dirigentes en todo el territorio nacional y que representaba a un millón doscientos mil personas.

Esa entidad era un brazo político del partido blanco, al igual que la central sindical de trabajadores dominicanos FOUPSA-CESITRADO, y era dirigida por el exdiputado César A. Roque Taveras y el licenciado Eduardo Stormy Reynoso Sicard, que ocupaban los puestos de presidente y secretario general, respectivamente.

Otros dirigentes eran, Julio Landrón Melo, secretario de organización; Juan Cosme Penzo, secretario de bienestar social; Jesús María Mella, secretario de asuntos económicos; Pedro Encarnación Cáceres, secretario de finanzas; y Sally Macdonia Acosta, secretaria de actas y correspondencias. 

A Miolán también se le acusaba de apadrinar en el exilio una organización de seccionales perredeístas que había objetado el “Pacto de Río Piedras” que el 30 de enero de 1965 firmaran el profesor Juan Bosch y el doctor Antonio Rosario, en representación del PRD y el Partido Revolucionario Social Cristiano, para  luchar por la vuelta a la constitucionalidad sin elecciones.

En ese grupo miolanista participaban el expresidente del Senado, doctor Juan Casasnovas Garrido; la exsenadora Thelma Frías; Virgilio Gell, exjefe del cuerpo de ayudantes del presidente Bosch; Nicolás Garrido, Luis Lezcano, Roberto Farías y Julio Mejía

Según el referido expediente, Miolán habría violado los estatutos de su partido, incurriendo en supuesta delación y sustentando opiniones que iban en contra de sus intereses morales, políticos y materiales.

La pieza acusatoria estaba apoyada por diversos documentos que fueron presentados en el juicio; entre ellos, recortes del diario El Mundo, de Puerto Rico, de la revista Bohemia y el diario The New York Journal. 

Los acusadores de Miolán también presentaron una cinta magnetofónica contentiva de declaraciones suyas, enjuiciando  la relación de Bosch y los dirigentes de izquierda durante la guerra civil.

Los principales críticos de Miolán eran el distinguido médico imberteño Segundo Armando González Tamayo, quien había desempeñado el puesto de vicepresidente de la República en el gobierno de Bosch y Jacobo Majluta Azar, su ministro de Finanzas.

También figuraba, el jefe del buró sindical del partido blanco, Manuel -Chichí Eusebio Puello, quien no compareció al juicio, pero envió su excusa.

González Tamayo y Majluta conocían muy bien a Miolán, ya que a su llegada al país el 5 de julio de 1961, tras 25 años de exilio, ambos le presentaron sus saludos a su entrada al hotel Comercial -frente al parque Independencia- donde se hospedó en sus primeros días en Santo Domingo.

48 horas más tarde, Miolán en compañía de Ramón A. Castillo, secretario de organización del PRD, formalizó el ingreso de estos dos jóvenes a su partido, para pasar -casi de inmediato- a formar parte del comité ejecutivo nacional, presidido por Miolán, en su calidad de secretario general, cargo que era entonces el más alto del partido.

En ese organismo González Tamayo ocupó el puesto de presidente del consejo nacional de disciplina, para saltar desde ahí a la encumbrada posición de vicepresidente; mientras Majluta se encargaba de la secretaría de organización, de donde pasó a ser ministro de Finanzas del gobierno de Bosch.

Otro dato que no se debe perder de vista es que el 31 de septiembre de 1963, seis días después del golpe de Estado, Miolán, González Tamayo y Majluta, quienes tenían varios días detenidos, fueron deportados en el mismo avión rumbo a Puerto Rico y no se puede descartar que durante ese amargo viaje hicieran referencia a las causas que provocaron el golpe de Estado, diciendo Miolán algo que lo indispusiera con sus compañeros de infortunio.

Aunque Miolán decía no sentirse apenado por tener entre sus críticos a estos hombres que fueron sus grandes amigos, en una entrevista que concedió al diario El Caribe dos días después del juicio, lamentó el daño que se le hacía a los anhelos de unidad dentro del PRD en un momento en que el pueblo necesitaba estar unido para afrontar las grandes tareas del país.

También manifestó que el único crimen que había cometido dentro del partido era “no bajar la cabeza obedientemente y atreverse a discrepar de las opiniones del profesor Bosch”.

Pero indicó que el PRD era su casa y de ahí no lo sacaría nadie; por lo cual seguiría en esa entidad como “un simple ciudadano, un simple soldado del perredeísmo, trabajando por la unidad del partido y  por los intereses del pueblo”.

Agregó que continuaría luchando desde el litoral perredeísta para que las libertades públicas fueran efectivas. También,  por la seguridad ciudadana, la justicia social y el  desarrollo de la economía nacional, para acabar el hambre, la miseria, la ignorancia y las enfermedades, y por el rescate de la soberanía nacional, mancillada por la presencia de tropas extranjeras en el suelo patrio.

Miolán prometió no hacer nada que pudiera dividir a su partido y luchar por  el cumplimiento de su misión histórica como fuerza rectora del destino del pueblo dominicano.

Incluso rechazó los rumores que lo situaban cerca del doctor Joaquín Balaguer, entonces candidato presidencial del Partido Reformista para las elecciones que se iban a celebrar el 1ro. de junio de 1966, aunque indicó que era innegable el aumento de sus posibilidades de triunfo en esos comicios.

Dijo también que no podía evitar que se rumorara que era el jefe de campaña política de éste, como tampoco que se le sindicara como un individuo de pensamiento marxista.

Esa observación la hizo para que se recordara que no sólo era un luchador democrático que a los 22 años de edad estaba complotando para matar a Trujillo, en el año 1934; sino que también,  quince años más tarde, el 21 de enero de 1939 estaba participando junto a Bosch, Enrique Cotubanamá Henríquez y otros dirigentes antitrujillistas en la formación  del PRD en la casa del doctor Virgilio Mainardi Reyna, en el distrito de Marianao, La Habana, Cuba.

También quería recordar entonces que en 1942 se le confió la responsabilidad de dirigir la secretaría de asuntos obreros del PRD, donde se mantuvo hasta el año 1950, cuando pasó a ocupar  la secretaría general, cargo superior de la organización.

Miolán era un individuo tan avanzado dentro del PRD, que a causa de sus planteamientos, poco después de su llegada al país en 1961, observó desde su despacho en la casa nacional el embate ideológico contra su persona de la  esposa de su antiguo aliado Nicolás Silfa; pues doña Lucy, junto a varios seguidores de su marido, escenificó una violenta protesta frente a la casa nacional, en la cual acusaba a Miolán de ser comunista, sacando a colación que en la década del 50 había sido colaborador cercano de Vicente Lombardo Toledano, candidato presidencial del Partido Popular Socialista, de México.

Claro que ese expediente no fue incorporado por los acusadores de Miolán en los aspectos negativos que salieron a flote en el juicio realizado, porque no era conveniente referirse a su vínculo con hombres de izquierda.

Por último se debe subrayar la posición de Miolán sobre la Revolución de Abril, pues estimaba que había sido un triunfo moral del pueblo, aunque fracasara -desde su punto de vista- la tesis de la vuelta a la constitucionalidad sin elecciones.  

Miolán entendía que el “movimiento revolucionario no fue organizado por nadie, pues estos fenómenos no son hechuras ni de políticos ni de grupos ni de partidos, sino que nacían de las contradicciones políticas, económicas y sociales que quebrantaban violentamente el cuerpo social”.

También creía que en el desenlace de  la Guerra Abril habían sido determinantes los factores de “la deshonestidad, la inmoralidad y la arbitrariedad del gobierno de facto”, para generar el descontento popular que devino en la sublevación militar y la lucha armada.

Consideró que “lógicamente el golpe de Estado del 24 de abril si obedeció a un planeamiento y a una organización, pero una cosa fue ese hecho y otra bien distinta, aunque ligada a la primera, la guerra revolucionaria que se inició el 24 de abril del mismo mes”.

De acuerdo a Miolán, el profesor Juan Bosch había sido el inductor del golpe del 24 de Abril; pero creía que no le cuadraba el “título de líder de la guerra, ni de ideólogo de la misma, en razón de que estuvo ausente del teatro de los acontecimientos”

Manifestó que “Caamaño como otros, si fueron héroes militares, así como JottinCury y otros sí fueron ideólogos y pudieron serlos por una razón de presencia física en el escenario de los hechos”.

Esta tesis de Miolán  sobre la Guerra de Abril era considerada por Bosch como contraria a los principios de su partido, por lo cual perjudicó durante largos años la imagen del patriarca nativo de la provincia de Dajabón.

Miolán  estuvo retirado de la vida pública hasta la noche del 30 de enero de 1967, cuando el presidente Balaguer, en virtud del decreto No.  927, expedido el día 27anterior, lo juramentó en su gabinete como secretario de Estado sin cartera y titular  de la Dirección General de Turismo.

En esa posición demostró que era un gerente exitoso, logrando instalar la primera escuela turística en el país y contribuyendo  a que aprobaran varias leyes de regulación, incentivo y financiamiento del Turismo, y venciendo la incredulidad de muchos dominicanos que aún viendo el crecimiento de la hotelería y la industria turística en diversos puntos del país, llegamos alguna vez a corear: “¿Y los turistas dónde están? ¡En la cabeza de Miolán!”.

Este hombre tuvo dos largos períodos de exilado, y durante el gobierno del Triunvirato vivió la pesadilla de ver desde su exilio en Puerto Rico cómo se le negaba la entrada al país a su esposa, doña Carmen Palacios, quien vino a ver a don Rafael Miolán, su padre, gravemente enfermo en su casa en la calle Marcos Adón esquina 26 del sector de Villa Juana.

Por suerte se le reconoció en vida como el “Padre del Turismo Dominicano” y el PRD de manos del doctor José Francisco Peña Gómez, lo atrajo de nuevo a sus filas, para restaurar plenamente su imagen y venerar su figura, logrando que se le eligiera en 1986 como senador por la provincia de Dajabón y luego como presidente ad-vitam del partido blanco.

 

 

 

 

 

 

 

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