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El Motín

La vida del país latinoamericano con una de las tasas más altas de homicidios del mundo

RT

Belice, la antigua Honduras Británica, es un pequeño país centroamericano que presenta una de las mayores tasas de homicidios de Latinoamérica y del mundo. El abandono del Estado y la falta de acción de la justicia han sido los factores de proliferación de pandillas que organizan el tráfico de drogas y robos.

“Puedes morir a cualquier hora”

En Belice, el 70% de la población tiene menos de 35 años. Y son precisamente los jóvenes los más dañados por la criminalidad.

“Nadie aquí está feliz con este modo de vida […]. Puedes morir por la mañana, puedes morir por la noche, a cualquier hora”, cuenta Brandon Smith, el cabecilla de unas de las bandas criminales.

Brandon está en la mira de otras pandillas y cada vez que sale del barrio se juega literalmente la vida. Le gustaría salir de ese ambiente, pero ya no ve la forma de dar marcha atrás. “El otro día mataron a mi tío por mí. Me sentí más culpable que la persona que lo hizo, porque soy yo quien lo puso en esta posición”, confiesa Brandon.

Rivales de pandilla, compañeros de juego

En este contexto, el deporte se ha convertido en una oportunidad para algunas personas de salir del círculo criminal. “Perdí a mi primo por la violencia armada. Perdí a muchos amigos […]. Yo también participaba en la violencia callejera, pero ahora soy una persona diferente. Todo lo he cambiado por el deporte”, cuenta el expandillero Jermaine Zuñiga.

Jermaine, quien fue condenado por asesinato y estuvo en la cárcel siete veces, es uno de los jóvenes que participan en el campeonato organizado por la Policía con 12 pandillas de la Ciudad de Belice todos los sábados con el objetivo de frenar la violencia durante el fin de semana. Fuera de la pista, muchos de los jugadores son enemigos, pero durante unas horas, dejan a un lado las pistolas para enfrentarse con una pelota.

“Hablo de la violencia para abrir los ojos”

Para el cantante de rap Bernard ‘Unlimited’ Cayetano, la música le salvó de caer en la delincuencia. Tras casi 8 años luchando por encontrar su sitio, recientemente se ha convertido en una de las promesas de Belice.

“Lo más difícil para los jóvenes es que nadie dedica tiempo para invertir en su talento”, dice Bernard. “Quiero ver un cambio en nuestra comunidad. Hablo de la violencia para abrir los ojos, para mostrar lo que está pasando”, agrega el músico.

Una población joven suele al ir al compás de la motivación y los sueños. Pero la alarmante desigualdad, el vacío de justicia y la ausencia de Estado pueden convertirlas en un arma de doble filo.

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