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El Motín

El trágico final del «loco del martillo» que destrozaba la cabeza a mujeres indefensas

ABC

La historia de Raúl Aníbal González Higonett es trágica de principio a fin. Argentino de nacimiento, este sádico asesino se ganó el apodo de «loco de martillo» en los años 60 a fuerza de golpes. Y es que, entró hasta en nueve ocasiones en la vivienda de otras tantas mujeres solitarias para, después de golpearlas hasta la extenuación en la cabeza con el instrumento que le granjeó su mote, robarles todo aquello de valor que encontraba a su paso.

Aunque seis de ellas sobrevivieron, hubo tres desafortunadas que no pudieron decir lo mismo y exhalaron su último aliento bajo ese letal martillo. Aquellos asaltos le valieron a González pasar en prisión 43 años. Toda una vida. La misma que arrebató, por cierto, a sus víctimas. La suerte terminó de ser esquiva con él cuando le permitieron abandonar la prisión ya que, apenas 20 meses después de conseguir la libertad, falleció por culpa de un ataque al corazón.

Tres asesinatos

La historia de sus fechorías (que él siempre negó) comenzó en enero de 1963. El mismo mes en que González acababa de salir de prisión por perpetrar varios robos con violencia. ¿Cuál había sido su sistema hasta entonces? Según explica el diario «La Nación» (periódico que cubrió el suceso hace 55 años) González entraba en las viviendas de mujeres solitarias para, después de golpear su cabeza hasta dejarlas inconscientes, robar y huir.

La cárcel no le rehabilitó. De hecho, le volvió todavía más bárbaro. Poco después de abandonar la prisión volvió a atacar cuando el calendario marcaba el 8 de marzo de 1963. La víctima fue Rosa de Grosso, residente en Lomas del Mirador. Sin embargo, en este caso no se limitó a dejarla inconsciente, sino que la asesinó a martillazos. A continuación, durante el 22 y el 23 de ese mismo mes, mató a otras dos chicas más.

La brutalidad fue tal que la policía centró todos sus esfuerzos en atraparle. Así narró el diario «La Nación», hace más de medio siglo, su búsqueda: «Poco a poco la policía fue reuniendo detalles que a la postre cristalizaron en el mejor de los éxitos. […] Había que buscar en consecuencia un sujeto delgado, con bigotes y pantalón negro». Poco después el «loco del martillo» fue cazado y juzgado.

El 12 de abril de 1967 fue condenado, aunque entonces ya llevaba desde su captura prisión. Le costó nada menos que 43 años salir de la cárcel y, para cuando regresó en el mundo, este ya había cambiado demasiado. De hecho, «La Nación» cuenta que, cuando se subió al coche de su abogado, no sabía ni abrir la puerta. Su vida acabó 20 meses después, en 2007, cuando se fue al otro mundo por un problema cardíaco.

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