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El Motín

No dejes que los celos te arruinen la vida

El Mundo

“Los celos son el dragón que asesina el amor fingiendo querer mantenerlo vivo», afirmaba el psicólogo Albert Ellis. En los cuentos de hadas, los celos y la envidia de la madrastra se convierten en manzanas envenenadas con las que matar a los pequeños o en cazadores asesinos de niños por orden de la malvada que desea ser la más bella, la única amada, la más poderosa. Pero en los cuentos el amor lo puede todo y vence a los celos del psicópata. El mundo se nos pone del revés cuando en la realidad una criatura muere en manos de la madrastra, para eso no nos han preparado los cuentos de la infancia. “¿Qué ha pasado?”, nos preguntamos horrorizados.

Las relaciones pueden ser una fuente de satisfacción y crecimiento o convertirse en un ejercicio de equilibrismo emocional. Desde muy pequeños necesitamos mantener vínculos importantes en nuestras vidas y la amenaza de perderlos nos hace vulnerables. Si la idea de abandono es propiciada por un tercero -real o imaginario-, aparece esa dolorosa punzada en el pecho: son los celos. Este temor nace desde el mismo momento en el que nos damos cuenta de que la otra persona es alguien importante para nosotros. Hasta aquí los celos son tan normales como puede ser la tristeza o la ira. Si existe capacidad para autorregularnos, desdramatizar y poder elaborar ese sentimiento ponderando su molestia no estamos ante un problema grave. Tenemos que aceptar que no controlamos al otro y que, en el peor de los casos, podemos perderle. Frente a los celos normales renace el amor, la emoción positiva que sirve de contrapunto contra el monstruo de los ojos verdes que son los celos.

CELOS PATOLÓGICOS

Freud distinguía los celos normales que pueden experimentarse por temer perder al amado o los celos proyectados donde el celoso inconsciente-mente desea ser el infiel y lo refleja en su pareja. Frente a éstos, están los celos delirantes que es una forma de paranoia donde existe la total seguridad de que se está sufriendo de infidelidad aunque no haya nada que lo confirme. Son los celos de Otelo, llamados celotipia, que pueden llevar a la violencia. Tienen sus orígenes en carencias afectivas y de seguridad básica en la infancia, así como en experiencias disfuncionales en otras relaciones. Surgen por un sentimiento de inseguridad, por la necesidad de ser reconocidos por el otro como lo más importante de su vida o por la idea de posesión donde los celos aparecen como amenaza a «lo que es sólo mío». También hay personalidades que son más vulnerables a la rumiación, la sospecha y la desconfianza.

Las señales de alerta a las que deberíamos prestar atención serían un alto nivel de obsesión donde las ideas atormenten a la persona gran parte del día, persisten a lo largo del tiempo y se produce agresividad física contenida como, por ejemplo, golpear con rabia un objeto. También la compulsión, como no poder dejar de controlar el móvil del “amado”, que en los casos más graves alcanza el delirio o una reacción destructiva convenciendo y controlando al compañero para que alivie nuestro malestar. Cuando esto ocurre los celos nos sitúan en un territorio intermedio entre la realidad y la fantasía, fractura por la cual se cuela incluso la locura.

CELOS ASESINOS

Agresiones, daños a la integridad moral e incluso asesinatos son la consecuencia de ver al otro no como sujeto independiente, sino como un ser que no puede tomar decisiones que nos frustren. La posesividad, el deseo de controlar y el egoísmo arruinan vidas de personas que los celosos graves decían amar. En el caso del pequeño Gabriel, cuya muerte nos ha horrorizado estos días, se ha subrayado que el motivo del asesinato serían los celos. Aunque éstos, junto a la envidia, puedan ser el detonante, este tipo de hechos necesitan apoyarse en rasgos de personalidad narcisistas, maquiavélicos o psicopáticos, la llamada Triada Oscura.El narcisista es el que busca su propio beneficio y se siente especial hasta el punto de saltarse las normas. El maquiavélico piensa que el fin justifica los medios para llegar a su objetivo. El psicópata carece de empatía y sentimiento de culpa. Una combinación peligrosa que puede ser una bomba de relojería.

Como ve, los celos pueden ser desde inocuos hasta mortales. Es importante ser consciente de los hechos que representen una luz roja. disfrutar renunciando al control es la única forma de experimentar el amor genuino.

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