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El Motín

Por qué el sultán Solimán era más magnífico de lo que habrías pensado y otras 3 cosas que quizás no sabías del Imperio Otomano

BBC

El Imperio Otomano fue uno de los más grandes de la historia.

Con una dinastía que abarcó 600 años, en su apogeo incluyó lo que ahora es Bulgaria, Egipto, Grecia, Hungría, Jordania, Líbano, Israel, los territorios palestinos, Macedonia, Rumania, Siria, partes de Arabia y la costa norte de África.

En algunos países, se trata de un legado que prefieren olvidar, en otros es un tema acaloradamente debatido y, en un puñado, parte del orgullo nacional.

De lo que no hay duda es de que se trata de un tema fascinante. En este artículo el historiador Jem Duducu presenta cuatro hechos que quizás no son tan conocidos sobre este imperio exótico y aún relevante.

1. El fundador del imperio fue un hombre llamado Osmán

Osmán, un turco selyúcida, es el hombre considerado como el fundador del imperio (su nombre a veces se escribe Ottman u Othman, de ahí el término ‘otomano’).

Los selyúcidas habían llegado de las estepas asiáticas en el siglo XI d.C. y habían estado en Anatolia durante generaciones.

Osmán había gobernado un pequeño territorio de Anatolia a fines del siglo XIII y principios del siglo XIV. Era en gran medida un guerrero al estilo de otros grandes oficiales de caballería de la Edad Media (como Gengis Kan antes de ganar un imperio).

Fue en el día de la coronación de su sucesor, que comenzó la tradición de llevar la espada de Osmán ceñida por su cinturón. Se convirtió en el equivalente otomano de ser ungido y coronado en Occidente y fue un recordatorio para los 36 sultanes que le siguieron de que su poder y estatus provenían de este legendario guerrero y que eran gobernantes marciales.

Eso fue cierto en la primera mitad de la historia del imperio, cuando los sultanes regularmente iban a luchar en las batallas. Pero a medida que el imperio maduró y luego menguó, los sultanes comenzaron a eludir sus deberes en el campo de batalla.

Aunque Osmán definitivamente existió, de alguna manera es como el Rey Arturo en Occidente: fundador de una idea y una figura casi mítica.

No obstante, durante su vida fue considerado tan poco importante que no tenemos absolutamente ninguna fuente contemporánea sobre él. No sabemos cómo era ni tenemos proclamaciones de su reinado, ya que este comenzó en lo que entonces era la Edad Oscura otomana.

2. Los otomanos no son lo mismo que los “turcos”

Quizás el hecho más sorprendente sobre el Imperio Otomano es que muchos de los “turcos” mencionados en las crónicas europeas no lo eran.

Es gracias a la ignorancia europea (que ha durado siglos) y a la construcción de la nación en Turquía que los sultanes otomanos se han convertido en sultanes ‘turcos’.

Muy a menudo en la literatura del Renacimiento europeo, el sultán era conocido como el “Gran Turco”, un título que no significaría nada para la corte otomana.

Así que aclaremos esto: el Imperio Otomano, durante la mayor parte de su existencia, precedió al nacionalismo.

Las fuerzas atacantes en la famosa ‘Caída de Constantinopla’ contra el Imperio Bizantino en 1453 no fueron todas ‘turcas’; de hecho, no todas las fuerzas sitiadoras eran siquiera musulmanas.

Más de 30 de los sultanes eran hijos de mujeres del harén. ¿Por qué destacar ese hecho? Porque ninguna de esas mujeres era turca y es poco probable que alguno de ellos haya nacido musulmán. En gran parte de los casos, sus orígenes se han perdido en las brumas del tiempo, pero parece que la mayoría eran mujeres europeas, o sea serbias, griegas o ucranianas.

Es probable que los últimos sultanes “turcos” fueran genéticamente mucho más griegos que turcos.

De manera similar, cualquiera de los legendarios jenízaros (un cuerpo de combate de élite dentro del ejército), incluido el famoso arquitecto Mimar Sinan, que comenzó su carrera como jenízaro, eran todos niños cristianos que habían sido incorporados a esta fuerza de élite y luego se habían convertido al Islam.

Describir cualquier cosa otomana como ‘turca’ es como decir que cualquier cosa del Imperio Británico fue exclusivamente ‘inglesa’.

3. Solimán fue aún más magnífico de lo que crees

En Occidente, se le conoce como Solimán el Magnífico. En Oriente, es recordado como Solimán el Legislador. Sin embargo, aquí hay una lista completa de sus títulos y son fascinantes:

“Sultán de los Otomanos, diputado de Alá en la Tierra, Señor de los Señores de este mundo, Poseedor de los cuellos de los hombres, Rey de creyentes e incrédulos, Rey de Reyes, Emperador de Oriente y Occidente, Majestuoso César, Emperador de los Chakans de gran autoridad, Príncipe y Señor de la más feliz constelación, Sello de la victoria, Refugio de todas las personas en todo el mundo, la sombra de la omnipresente dispensación silenciosa en la Tierra”.

Vamos a desglosar las cosas:

El primer título es obvio y el “diputado de Alá” implica su suprema autoridad islámica sin sobrepasar los límites (la palabra “Islam” significa “alguien que se somete a Dios”).

El “poseedor de cuellos” se remonta a la práctica de su padre Selim de decapitar incluso a altos funcionarios; cualquiera que desagradara al sultán podía ser decapitado por ciertos crímenes.

Los siguientes títulos son inesperadamente romanos. Los otomanos sabían que cuando conquistaron Constantinopla (en esencia, el Imperio Romano de Oriente) los títulos de “emperador” y “César” todavía tenían importancia. Afirmar ser el “Emperador de Oriente y Occidente” no sólo era una exageración, sino también un desafío directo a la autoridad de Roma que, en este punto, fue superada irremediablemente por los otomanos.

“Rey de reyes” puede sonar un poco bíblico, pero eso es solo porque los Evangelios tomaron el título shahenshah de los emperadores persas, que literalmente significa “rey de reyes”. Así que, de nuevo, los otomanos están desafiando a un rival importante, pero esta vez está en el este y son los persas safávidas.

Los siguientes títulos no son más que para alardear, pero luego llegamos a “Refugio de todas las personas en todo el mundo”, que demuestra que los sultanes sabían perfectamente que su imperio era multicultural y multireligioso, con cristianos, judíos, musulmanes y otros, todos viviendo juntos, no necesariamente en armonía, pero mucho mejor que en cualquier otro lugar en ese momento. La expulsión de judíos y musulmanes de España todavía estaba fresca en la mente de quienes vivían en la primera mitad del siglo XVI.

Sólo dos de las campañas militares de Solimán fracasaron; barrió con todo lo demás que se puso en su camino.

Cuando no estaba en la silla de montar, estaba sentado en su opulento palacio en la ciudad más grande de Europa. Su imperio se extendía por cientos, si no miles, de kilómetros en todas las direcciones.

Si alguien debe llamarse ‘magnífico’, Solimán ciertamente se ajusta a la perfección.

4. La mayor humillación en la historia militar otomana fue infligida por Napoleón

El 20 de mayo de 1799, Napoleón sitió el puerto de Acre, disparando los pocos cañones que tenía contra las poderosas defensas de la ciudad.

Con Napoleón comprometido con el asedio, las fuerzas otomanas pudieron reunir una fuerza de socorro y marchar en ayuda de la ciudad.

Napoleón siempre había escogido generales competentes y, a pesar de que su fuerza era pequeña, ean-Baptiste Kléber era un general muy capacitado y combativo. Su fuerza de alrededor de 2.000 hombres (a la que más tarde se unió la de 2.000 hombres de Napoleón) enfrentó la fuerza de ayuda otomana en el Monte Tabor en Palestina.

Abdullah Pasha al-Azm, el gobernador de Damasco, había reunido un ejército de más de 30.000 hombres, de manera que superaban a los franceses en número 9a 1.

Las fuerzas otomanas estaban formadas por Sipahis, mamelucos y otras valientes pero obsoletas clases de guerreros. Desde el amanecer hasta la tarde, Kléber se dedicó a repeler cada ataque de los hombres de Pasha al-Azm.

Las pérdidas del gobernador otomano iban en aumento, pero su ejército empequeñecía a las fuerzas francesas de tal modo que podía permitírselo. Entre tanto, tras 10 horas de lucha bajo el sofocante sol de Palestina, los hombres de Kléber estaban cansados y sedientos, y las reservas de pólvora y municiones eran peligrosamente bajas.

Fue entonces cuando Napoleón llegó con unos 2.000 hombres, no lo suficiente para igualar los números en el ejército otomano, pero sí para distraerlos enviando a unos pocos cientos de ellos a atacar y saquear el campamento otomano.

Abdullah Pasha al-Azm pensó que la pequeña fuerza de Napoleón era la vanguardia de un ejército más grande y entró en pánico, pensando que estaba a punto de ser atacado por la retaguardia y los flancos.

Las pérdidas totales de soldados otomanos fueron alrededor de 6.000 y otros 500 capturados, mientras que solo dos soldados franceses murieron.

Un ejército de alrededor de 4.500 hombres había luchado contra un ejército de más de 30.000 y no solo había ganado, sino que había sufrido solo dos muertes.

Fue una humillación devastadora para el sultán Selim III y un triunfo espectacular que le permitió a Napoleón continuar su asedio de Acre (aunque no tomaría el puerto y esto marcaría la frontera más lejana de sus conquistas en Medio Oriente).

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