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El Motín

Opinión: Somos una e indivisible

Raymundo Cuevas

En nuestro artículo anterior titulado “se calienta la isla Hispaniola” tratamos a rasgos generales el tema sobre el calentamiento global y dimos unas pinceladas sobre sus efectos en nuestra isla Caribeña.

En este nuevo artículo quiero presentarles a los interesados en dar seguimiento a este importante tema un poco mas ampliado y resumido los temas mas importantes que debemos tomar en cuenta no solo como gobierno dominicano y población dominicana  sino como comunidad integral isleña que debe incluir necesariamente al territorio que ocupan nuestros hermanos haitianos, ya que la única frontera que nos separa es la franja del territorio ubicada en torno a los límites internacionales, pero no así geográficamente ya que según la definición de isla somos una misma masa terrestre estable, es decir, que los efectos negativos ocurridos en un lado del territorio afectan de manera directa o indirecta al otro lado.

 Es por esto que las medidas en materia ambiental y de recursos naturales que se tomen debe ser de manera integral tanto de la población como las políticas de Estado de ambos gobiernos.

Hay muchos temas en común que ya no pueden espera ser atendidos y que tienen que ver con la administración de manera eficiente de nuestros recursos naturales, entre esos temas esta, el impacto negativo de la producción de carbón vegetal, la depredación y socavación de los ríos por la extracción de materiales de construcción, la sedimentación de nuestras presas producto de la tala de arboles y el arrastre de materiales, produciendo esto como uno de sus principales males la disminución del nivel de operación de dichas presas, la pesca indiscriminada y no planificada, la administración ineficiente de los desechos sólidos, el exceso de plaguicidas no orgánicos en los cultivos, la minería insostenible, la destrucción indiscriminada de las barreras naturales de nuestras costas como manglares y arrecifes de coral, etc.  

Crear mecanismos para que las personas que vivan en zonas de influencias de las aguas de arroyos ríos y cañadas sean reubicadas y garantizarles de esta forma su integridad física y posteriormente una vez despejadas esas zonas dejar una vigilancia permanente para que estas no regresen. Implementar de manera permanente proyectos de reforestación de cuencas hidrográficas, aplicar con mayor drasticidad y eficiencia los castigos ambientales para los depredadores incansables de los ríos superficiales y explotación de los acuíferos (ríos subterráneos), invertir más tiempo y recursos (humanos y dinero) en la búsqueda de energía limpia (eólica, solar, hidroeléctrica, otras) cuya eficiencia y rentabilidad sean una alternativa a la energía fósil.

Conformar un tribunal internacional en donde se puedan juzgar a los países (sin importar su poderío económico o militar) que no cumplan con los acuerdos sobre la reducción de los gases del efecto de invernadero, diseñar tácticas y estrategias políticas para que los acuerdos a que se arriben se cumplan sin dilaciones, ni traumas, reducir o establecer un tope mundial de las emisiones de gases contaminantes, concienciar al público sobre los efectos de posibles cambios climáticos inducidos por la contaminación atmosférica y por los mismos seres humanos, adoptar medidas más estrictas que disminuyan la emisión de gases de invernaderos y  sanciones a las empresas contaminantes, mitigar la abusiva tala de árboles y bosques, las emisiones de las industrias y la eliminación de los clorofluorocarbonos de todos los ambientes de emisión.

Ninguno de estos temas pueden dejarse para después y así lo plantea el tema de la sostenibilidad ambienta produciendo un sentimiento de responsabilidad en cada uno de nosotros que habitamos esta bella isla nuestra quisqueya la bella.

Que quede en nuestros pensamientos y reflexiones que no heredamos la tierra de nuestros ancestros, sino que la tomamos prestada de nuestros hijos. Nuestra generación tiene la encomienda histórica de tomar las decisiones que afectarán de manera positiva o negativa el futuro de la humanidad.

(El autor es ingeniero civil de profesión, con una maestría en ingeniería ambiental y sanitaria)

 

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