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Continúa mejorando César Medina; de seis meses, su esperanza sube a 10 años de vida

El destacado periodista y vicecanciller César Medina, postrado por un cáncer en Nueva York, dijo que su estado de salud va en franca mejoría, de acuerdo a los informes médicos que arrojan un buen asimilamiento y una buena respuesta al tratamiento a que está siendo sometido hace unos meses.

César habla de ello en su leída columna del Listín Diario, “Fuera de Cámara”, la cual titula Avances en mi Salud:

“Un adenocarcinoma tan agresivo como el que se me ha diagnosticado tiene que ser atacado con mayor agresividad para evitar que en cuestión de días comprometa órganos vitales susceptibles de ser alcanzados por las células cancerosas que tienen extraordinaria capacidad de expansión y contaminación.

Aunque admito que llegué un poco tarde al diagnóstico por razones que no es necesario explicar en esta coyuntura –entre ellas el síndrome de Superman que todos llevamos dentro–, he dado mi mejor cara a una enfermedad que no permite muchas opciones.

Tuve la buena fortuna de llegar aún a tiempo a uno de los mejores centros anti cáncer del mundo, el Presbyterian Hospital de Nueva York y caer en manos de un equipo profesional consagrado a su oficio encabezado por un médico dominicano, el doctor Rafael Lantigua e integrado por los especialistas Paul Lee e Ivonne Saenger.

Voy a admitir ahora un dato que me había resistido aportar para no causarles mayores tormentos a mis familiares, a mis amigos, compañeros y gente que me valora y aprecia. Pero como esa realidad se ha modificado, lo digo hoy: la perspectiva de vida que me dieron los médicos fue de seis meses a partir del momento del diagnóstico.

El tratamiento, sin embargo, ha sido tan efectivo que en este momento los médicos no se atreven a hacer pronóstico, pero calladito en el oído el doctor Lantigua me dice que está apostando a los diez años y que en cinco de ellos me va a acompañar una “alta calidad de vida”.

Es decir, mi perspectiva al día de hoy es muy buena en comparación con el diagnóstico inicial, y aunque con enfermedades tan veleidosas como estas no se puede cantar victoria, –sobre todo cuando atacan a una persona casi septuagenaria, como yo–, mi organismo ha tolerado el duro tratamiento sin mayor reacción negativa.

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