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El Motín

A Roberto: PLD lo puso, PLD lo quitó

Además de la sorpresiva votación que en algunas localidades obtuvo el minúsculo Partido de la Unidad Nacional, cuyas siglas “PUN” suenan tan violentas como la virulencia que en ocasiones exhibe su presidente fundador Pedro Corporán, la sorpresa de las elecciones del 15 de mayo, de la que aun no cierran la boca muchos de los estupefactos capitaleños, fue la pela de votos traducida en derrota que le propinaron al hoy ex alcalde Roberto Salcedo. 

La perdida de Roberto, aunque muchos confiaban en el salvavidas de la poderosa maquinaria electoral del Partido de la Liberación Dominicana, comenzó a ser seriamente sopesada cuando se vio que la campaña del joven emprendedor David Collado verdaderamente iba en serio a unos días y semanas de haberse iniciado luego de superados los escollos y ruidos de la errática dirección del Partido Revolucionario Moderno, es decir, el PRM.

En verdad, sin que evidentemente Roberto se percatara hasta llegada la “noche triste”, el alcalde tenía requete hartos a los munícipes y que su salida había sido tomada, no en reuniones de aposentos, sino en la conciencia de la mayoría.

El soberano, trastocado en masa votante sedienta de venganza, estaba al acecho y castigó a “Fuiquiti Fuiquiti” clavándole la daga del voto en contra, hasta donde, reza el populacho, le dicen “Cirilo”.

Aseguran que, aturdido por el mandarriazo, Roberto, incrédulo y soberbio con la nariz apuntando hacia arriba, pensaba en exigir revisiones y hasta concibió por escaso tiempo la idea de retaliaciones y ajustes de cuentas contra los que, bajo su mando político, desde su punto de vista no habrían hecho el trabajo que lo ayudara a continuar “guisando” después del 16 de agosto de este 2016.

Pero aun con los consejos y arengas de ultima hora de los estrategas del PLD y, como dice “radio bemba”, el propio presidente candidato a la reelección Danilo Medina le mostró una encuesta en la que Roberto aparecía empatado con Collado, cabeza con cabeza.

“Eso no es así”, refutó el cómico derivado en dramaturgo, “nosotros estamos arriba”. “Bueno, esos son los números de nuestra encuesta; hay que apurar el paso”, le habría insistido con su acostumbrada modestia y parquedad el presidente estratega.

No obstante las advertencias y las ayudas para que Roberto no cayera en la perdición, al alcalde, como dice el pueblo, debido a las bufonadas, las rechiflas y los desmanes perpetrados contra una indefensa población “no lo salvaba ni Checheré”.

Eran catorce años de jodiendas con la cerradera del malecón, de Brillante Navidad, de escandalizar vecindarios, de cancelar y humillar a la militancia de abajo del PLD que lo puso en el ayuntamiento, de manejar el cabildo como un feudo familiar con una corporación de amigotes llevándose la gran tajada, desoyendo las propuestas de los munícipes y haciendo lo que le viniera en ganas, con una Zona Colonial y un Conde arrabalizados y llenos de basuras; y un Zooberto burlón igualmente abandonado.

El hombre, que sólo se hacía visible cada cuatro años, porque llegó a creerse “el gustanini” de la película que tenia la victoria en el bolsillo, cuando sintió que el barco se hundía echó manos a un ultimo recurso que fue el de salir a hacer campaña junto a su primogénito “Robertico”, algo que más que bien le desfavoreció, además del uso de la desvalida Francina, y lo que provocó fue indignación porque se interpretó que sacaba de las mangas a un posible sucesor al frente de la alcaldía mientras que él, que como todo el mundo sabe llegó a creerse “presidenciable”, se resguardaría para mejores cosas.

La derrota de Roberto, para los observadores municipales, de ningún modo se trata de traición o algo parecido como propalan adultos mayores y maduras gruñonas es que, al parecer, el mismo PLD cuya hegemonía electoral nadie discute en la Ciudad Primada, cansado de tantas bellaquerías y desplantes, así como lo puso y repitió cuando lo creyó conveniente en esta ocasión también lo quitó.

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