El Motín

Elecciones: Abstención, nulidad y violación constitucional

Las elecciones transcurrieron en calma, los pocos incidentes fueron de carácter personal y, se reportó, falsamente, una concurrencia masiva; la novedad del día, incomprensible y no explicada, fue la supuesta renuncia en la madrugada de la cita electoral de 3,527 técnicos entrenados para manejar los equipos de scanner y conteo electrónico, algo que nadie ha creído.

El resultado a nivel presidencial dejó poco espacio a la sorpresa pues la opinión pública estaba previamente condicionada mediante la propaganda y las encuestas: la votación, no la elección, confirma, que necesitamos un Código Electoral que prevea: a) las irregularidades verificadas, b) la abstención por inconformidad y c) las violaciones constitucionales de parte de la JCE que el TSE y el TC no controlan oportunamente.

He visto a “politólogos locales” que nunca han tomado una clase de ciencias políticas y menos de investigación, pontificando sobre que la abstención es menor que en los torneos electorales previos, que no pueden ser tomadas como parámetros por los motivos siguientes: a) el último padrón, real, utilizado en las elecciones presidenciales del 2012, 2008, 2004, 2000, etc., era de 1994 y en consecuencia, contenía muertos, emigrados y gran cantidad de personas que movieron su lugar de residencia, b) fueron elecciones presidenciales o municipales, en consecuencia el nivel de movilización, no era e mismo, c) en varias de ellas, hasta la modificación del 2002, operó el fatídico sistema de colegios electorales cerrados que forzaba al registro y al voto por sexo en tandas distintas y sin embargo, en ellas la abstención fue de 21.17% en el 1996, 23.86% en el 2000, 27.16% en el 2004, 28.64% en el 2008 y 29.77% en el 2012.

En las elecciones del 2016 hemos tenido un padrón nuevo, real, con posibilidad de que cada quien vote en su lugar de residencia, sin muertos, sin guardias o policías, con menos haitianos y separado del padrón del exterior, con elecciones coincidentes para todas las autoridades electivas, Presidente, Congreso y Municipios, en resumen las mismas condiciones de movilización que en 1994, las últimas iguales – y por ello – las últimas con la que pueden hacerse comparaciones científicamente válidas, en ese torneo, la abstención fue de apenas 12.72%, ahora, va por 30.82% conforme al boletín No. 12 faltando solo el 1.33% de los colegios: la más alta de nuestra historia reciente. En las cárceles, en donde se presume menos comportamiento cívico, fue de apenas un 17%.

Esa innegable y creciente desafección electoral, que en parte puede deberse a la falta de contienda real por la Presidencia se revela en la inconformidad que se advierte en varios pueblos y en el exterior tras el anuncio de los resultados locales en unas elecciones generales en que el 61.76% de votos de Danilo se convierte en solo el 41.78% del total de electores: 58 de cada 100, no le votaron.

La tardanza en dar los resultados locales y la cantidad de irregularidades detectadas ha generado protestas acidas y violencia en San Francisco de Macoris, Higuey, Santo Domingo Este, Pedro Brand, Santo Domingo Norte y en otros lugares, mostrando, en el nivel local, el rechazo a los resultados; al margen del día de las votaciones, cuando hubo mucho civismo, hemos tenido tiroteos, muertos, amenazas y por doquier, urnas con votos premarcados.

Por otra parte, en la historia electoral dominicana, los votos nulos siempre han sido muy pocos, sobre todo en el nivel presidencial: en las elecciones del 2008 fueron apenas 27.103; en el torneo siguiente con una cantidad de votos válidos, de 4,536,391, casi igual a la cantidad del recién pasado torneo, que va por 4,680,831 en el boletín No. 12, los votos nulos apenas alcanzaron los 30,447, apenas un 0.6 del uno; en este ascienden a un 2.2% y a la cifra de 103,751 votos, 339% más votos nulos que en el 2012 para casi la misma cantidad de electores válidos: Ese sin lugar a dudas es otro fiasco de la organización del torneo, sino algo menos inocente.

Igual procede un estudio acucioso por lo preocupante de la cifra es en los votos nulos de la boleta congresual que en algunas provincias alcanzó el 8% y a nivel general va promediando más de un 4%: En Mao, la diferencia son 541 votos y los nulos 2,943. En las boletas municipales, se sigue igual tendencia.

En el caso del Congreso Nacional, que es el órgano de control, queda pendiente la selección de los diputados; allí la JCE se apresta, ante el silencio culpable de todos, a violar la garantía constitucional de los 16 diputados de las minorías, vale decir quitarle a la oposición política, particularmente en comunidades como Independencia, Hermanas Mirabal y las dos circunscripciones pequeñas del exterior, los representantes que aseguran la pluralidad y el control político del Estado:

Art. 209.2: Las elecciones se celebraran con conforme a la ley y con representación de las minorías cuando haya de elegirse dos…candidatos.

De eso, al parecer, ni Abinader ni los empresarios, se han dado cuenta y, el Tribunal Constitucional, que está en todo menos en defender la Constitución, menos: la JCE ha deslegitimado unas elecciones ganadas ampliamente por Danilo, una pena porque eso traerá problemas a lo largo de todo el periodo.