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El Motín

La Libertad de un criminal

El niño desapareció, había sido secuestrado…su cadáver fue encontrado como un colador, le infligieron 34 puñaladas: le mató su primo con la complicidad de un amigo.

Tres familias quedaron destruidas y la sociedad, consternada, todavía no se recupera. Las autoridades, rápidamente presentaron a los asesinos que confesos, se les aplicó la pena máxima que la ley disponía para sus crímenes, 30 y 20 años.

Se mencionó al esposo de la embajadora de Argentina, núcleo bastante desagradable, que salió arropada bajo el manto de la Convención de Viena: en todo caso, no parece que excepto la mala influencia que ejercían, tuvieran responsabilidad en el hecho horrendo.

A lo largo de las últimas dos décadas la sociedad no ha olvidado el asesinato del niño Llenas Aybar y, sobre todo en los últimos días; cada año se ha levantado para impedir la libertad condicional de Moliné Rodríguez, a quien no obstante la buena conducta reportada, los estudios realizados en prisión y su ayuda a otros reclusos en diversos programas, cada año se le negó la libertad a la que la norma vigente, le daba derecho.

Ahora ya cumplió la condena impuesta por la ley aplicada por la justicia, aunque nunca terminara de cumplir la condena decretada por la sociedad. Yo, no sé si se rehabilitó en la cárcel, no sé si continua siendo un peligro para los demás, empero tenemos unas reglas y él, ya cumplió la condena que se impuso, aunque siga penando la condena perpetua de su hecho.

En ocasión del juicio, hace 20 años, escribí una novela, La Tragedia Llenas, que recoge los eventos contenidos en el expediente judicial; acumuló 21 ediciones que se utilizaron en las escuelas de derecho y en la policía en los cursos de investigación criminal y culminó en una película, sin embargo, el estudio de los archivos y del material reunido por la excelente investigadora Nuria Piera no me dejó, entonces, dudas del hecho y de sus autores, empero si y muchas, de los motivos y, muy claro, el efecto que las malas compañías tienen sobre la juventud, en particular, si aun siendo inteligentes, tienen mentes débiles o sufren desviaciones.

Empero ahora el caso es que la sociedad le impuso a Moline una condena y éste, ya la cumplió, en consecuencia, podemos tener con él, reparos y temores justos, pero no tenemos derecho a extenderle la condena más allá porque ya pagó su crimen, no se le descontó un solo día: esperemos que se haya rehabilitado y no constituya un peligro para los demás. Si después de haber cumplido la pena, comete un nuevo delito, no tenía remedio, pero si lo empujamos acorralándolo al salir, entonces somos tan culpables como él de lo que haga en el futuro: no solo es injusto, no es cristiano.

No estoy diciendo que como creyentes seamos tontos, no estoy sugiriendo que si enamora su hija o se hace amigo de su hijo, usted no deba preocuparse: escribo solo con dos propósitos, tome el ejemplo y enseñanza de lo sucedido hace dos décadas, no lo olvide y discútalo con los jóvenes y, por otro lado, admita que Moliné pago a la sociedad su crimen, que tiene derecho a intentar rehacer su vida, tarea difícil y, que no debemos agravar su carga, aunque nunca olvidemos lo que hizo.

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