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El Motín

Quién es Ronald Wayne, el fundador olvidado de Apple

A una hora en auto desde Las Vegas, atravesando el desierto de Nevada en Estados Unidos, llegas al fin del mundo.

Un poco más allá encuentras la localidad de Pahrump, donde vive el cofundador olvidado de Apple, posiblemente la empresa más poderosa del planeta.

Ronald Wayne tiene 81 años. Cuando tenía 41 trabajaba en Atari donde conoció a Steve Jobs, quien le pedía consejos todo el tiempo.

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Jobs le preguntó si debía de crear una empresa de máquinas traganíqueles. Wayne le dijo que no.

Jobs le dijo si debería ir a India a encontrarse. Wayne le aconsejó que sí, pero que tuviese cuidado.

Un día, Jobs le preguntó algo que cambiaría la historia. “¿Podrías ayudarme a hacer entrar en razón a Steve Wozniak?” refiriéndose a quien sería el otro fundador de Apple.

“Tráelo a casa”, Wayne le respondió. “Nos sentaremos y charlaremos”

Woz

El carismático Wozniak –conocido también como Woz– trabajaba con Jobs intentando hacer que las computadoras de empresas fueran más pequeñas.

Woz era el mejor. Su placa base sería el corazón del Apple I, la primera computadora de Apple que en el 2015 se subastaría por US$365.000.

Pero Woz no quería saber nada de Apple. Hasta que llegó al apartamento de Wayne situado en Mountain View, California.

“Jobs pensaba que yo era algo más diplomático que él”, recuerda Wayne.

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“Estaba ansioso para que Steve Wozniak entrara en el proyecto. Pero Wozniak, siendo caprichoso, sólo quería hacer cosas que le divirtieran”.

En 45 minutos Wayne cambió todo. “Entendió el concepto, le vendimos la idea”.

Fue en ese momento que Steve Jobs dijo: “Vamos a crear una compañía. Será Apple”.

Jobs y Wozniak tendrían un 45% cada uno, y Wayne el 10% con el encargo de ser la voz de la razón en caso de cualquier disputa.

Dos níqueles

Apenas 12 días después de comprar las acciones, Wayne las vendió por sólo US$1.500. Ahora valdrían US$60.000 millones.

Lo hizo por razones que “aún hoy tienen sentido para mi”, afirma.

“Si la compañía se hundía, teníamos que responder personalmente de las deudas”.

“Jobs y Wozniak no tenían ni siquiera dos níqueles. Yo tenía una casa, una cuenta bancaria y un coche, ¡podían atraparme!”

Wayne les dijo que quería ayudarles donde pudiera, pero que ya no podía formar oficialmente parte de la compañía.

Su contribución antes de despedirse formalmente de la empresa fue crear el primer logo de Apple, un dibujo mostrando al científico Isaac Newton sentado bajo un manzano. Jobs lo descartó después.

Modesto

Pahrump está situado a 800 kilómetros de Cupertino, donde hoy en día está la sede de Apple.

La casa de Wayne es tan modesta como bien cuidada. Por todos lados hay adornos reflejando de su vida de ingeniero curioso y gran coleccionista.

Cerca de la puerta hay una antigua tragamonedas de color plateado, y una radio de los años 30 que sigue funcionando.

Le pregunté si se arrepentía de haber vendido su participación en Apple.

“Habría terminado dirigiendo barajando papeles en un rincón del edificio de la compañía por los siguientes 20 años de mi vida. Ése no era el futuro que quería”, afirma.

“Si el dinero fuera lo único que quisiera había muchas otras maneras de conseguirlo. Pero para mi era mucho más importante hacer algo que me motivara”.

Hermano

Wayne guarda el correo de sus fans en una pequeña caja en su estudio. Está llena de peticiones de autógrafos, cartas pidiendo consejos y mensajes expresando admiración.

Una carta de un admirador llamado Jason bromea sobre la idea de que Steve Jobs, conocido por su seguridad y espíritu combativo, aceptara algún consejo constructivo de Wayne.

“Era un hombre fascinante”, recuerda Wayne.

“¿Quién hizo que Apple se convirtiera en lo que és ahora? Jobs, sin duda”.

¿Era Jobs buena persona? En varios aspectos no lo era. Pero eso da igual”.

Wayne se consideraba la persona que aportaba una “supervisión adulta” al sueño de Jobs.

“Jobs me dijo una vez: ‘sabes, tengo dudas sobre esto. Hay otras cosas que me gustaría hacer.'”

“Y yo respondí: ‘hagas lo que hagas, te resultará más fácil hacerlo con dinero en el bolsillo. Sigue adelante y gana dinero, y haz lo que quieras. Sólo no olvides para qué lo querías en primer lugar”.

“Terminó olvidando eso. Creo que se involucró en el manejo de Apple hasta el punto que nada más importaba”.

Vida sin Apple

Wayne no se arrepiente de vender sus acciones de Apple, pero sí de haber vendido la copia de su contrato original por US$500.

Ese mismo documento se subastó por US$1,6 millones hace cinco años.

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En casa de Wayne no se ve ningún producto de Apple. Prefiere crear y adaptar su propia tecnología, eso es mucho más divertido que comprarla, comenta.

En 2011 alguien le dio un iPad. Como muchas otras cosas en su vida, Wayne acabó regalándolo.

Fuente: bbc.com

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